El extraordinario desafío del Presidente Obama: ejecutar su agenda original

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El presidente Barack Obama llegó a la presidencia de los Estados Unidos respaldado por una amplia mayoría de norteamericanos que rechazaban las actuaciones de la administración del presidente Bush, que había contribuido a crear, al mismo tiempo, una gran recesión económica y la primera crisis financiera en 74 años, así como había iniciado dos guerras simultáneas financiadas con déficit presupuestario.

La campaña innovadora de Obama logró crear, virtualmente, un gran movimiento de demócratas e independientes (conforme a la última encuesta Gallup, el 37% de los votantes norteamericanos son independientes), usando al máximo el Internet con el propósito de hacer cambios de política, y además, de lograr otros objetivos alternos como: reducir, considerablemente, la enorme incidencia de los grupos de intereses en las decisiones del Congreso y del gobierno y aumentar la participación ciudadana en el proceso de gobernar.

Ahora, si el presidente Obama quería seguir los pasos exitosos del Presidente Roosevelt, quien enfrentó una situación similar, tenía que iniciar su mandato creando, mientras actuaba decisivamente, una comisión pública altamente respetada que alcanzara los siguientes objetivos:

a. Determinar los acontecimientos que causaron la crisis y la identidad de los principales responsables permitiendo así que el pueblo hiciera la necesaria catarsis.

b. Definir las regulaciones que habían que re-introducir inmediatamente, regulaciones que  ya habían funcionado, evitando, durante 74 años, la ocurrencia de crisis financiera.

c. Hacer que los norteamericanos comprendieran que, por la gravedad de esta crisis, se necesitaría, por lo menos, dos años para eliminar los daños acumulados.

El presidente Obama no siguió los pasos exitosos del presidente Roosevelt. Él se enfrentó, con gran decisión, a la crisis financiera y logró, potencialmente, evitar un colapso del sistema financiero mundial.

¿Cómo lo hizo? Procedió a salvar las instituciones financieras, principales responsables de la crisis financiera, mediante la inyección de más de dos mil billones de dólares en dinero inorgánico y, a la vez, procedió a revivir la economía mediante un estímulo fiscal de 800 billones de dólares. A nuestro juicio, Obama cometió cuatro errores políticos fundamentales:

1. No aprovechó la debilidad de los banqueros para re-establecer las regulaciones que existían hasta el 1999.

2. No preparó al pueblo norteamericano para que comprendiera que era necesario un período no menos de dos años para lograr una recuperación vigorosa.

3. No logró que la mayoría del dinero de las inyecciones se usaran para prestar (esta situación fue más grave para las medianas y pequeñas compañías que crean el 50% de los empleos y para los consumidores) y no para realizar, fundamentalmente, transacciones financieras.

4. No evidenció el grado de responsabilidad de la oposición republicana en esta gran crisis, permitiendo que poco meses después, de una manera injusta, la crisis pasara a ser responsabilidad suya y de su partido.  Las instituciones financieras, al no establecerse las regulaciones y permitirse las inversiones especulativas, obtuvieron, ante el asombro del ciudadano promedio, ganancias extraordinarias con el dinero del gobierno. Repartieron bonificaciones enormes entre sus empleados. Esto ocurría concomitantemente con un notable empobrecimiento del norteamericano promedio provocado por el crecimiento exponencial del desempleo y por una reducción apreciable de su patrimonio a consecuencia del desplome del precio de su vivienda. Esto provocó una enorme y legítima indignación nacional que fue utilizada por los republicanos para reducir la tasa de aprobación del presidente Obama de 65% a 48% en apenas 6 meses, así como para elevar su tasa de rechazo de 30% a 45%. Ahí se encuentra la causa primera de la asombrosa pérdida de la senaduría de Massachusetts.

Massachusetts es el Estado más demócrata de Estados Unidos. La pérdida de esta senaduría provocó un viraje dramático en la retórica del Presidente Obama y de los demócratas. Obama procedió, inmediatamente, a presentar un estricto plan de regulaciones financieras y a concentrarse en una drástica reconversión del sector productivo con el propósito de que éste vuelva a ser un generador de millones de nuevos empleos, lo que tendría un efecto extraordinariamente positivo en la fortaleza del crecimiento económico norteamericano mundial.

El desafío inmediato del presidente Obama es profundamente complejo, pero es lograble. Tiene que recompensar su alicaído movimiento político, presentar un plan creíble para reducir fuertemente el enorme déficit fiscal que tanto preocupa a los independientes y ejecutar un plan de reconversión industrial. Todo esto para que la ciudadanía perciba la reducción –aunque sea paulatina- del alto nivel de desempleo y la eliminación de las iniquidades de las instituciones financieras.

Los resultados de las elecciones congresuales de noviembre de 2010 dependerán, en gran medida, de que produzca una percepción generalizada de que se está aplicando la agenda original de Obama, asimismo, los resultados electorales responderán de forma favorable si los dos últimos años de su primer período resultaran exitosos para la economía norteamericana y la mundial y, consecuentemente, para nuestra economía que está sujeta al desempeño de la economía norteamericana en un 80%. Y además, podría afectar, potencialmente, el grado de compromiso económico de la gran nación del norte con la reconstrucción de Haití después de la terrible catástrofe en esa hermana nación.