El fascinante mundo de la radio y la televisión

En un artículo publicado en estas páginas de opinión, meses atrás, destacaba la explosión literaria que nos legó la libertad patria, tras desaparecer la tiranía.

La publicidad no fue ajena a ese despertar de las ideas, como tampoco la música ni la producción radial y televisiva.

Tanta libertad nos dejaron esas transformaciones sociales, que en muchos casos la creatividad ha desembocado en “chercha”.

Añoro la época en que nuestros intelectuales exhibían incontables aportes al arte, al canto, a la música, con una calidad y  estilo, propio de sociedades que alcanzaron estadios de progreso antes que nosotros.

Aunque estrenamos sistemas de radiodifusión en los primeros 25 años del siglo pasado, y canal de televisión 27 años después, la tecnología estaba aquí aún en pañales.

Idealizo una producción de televisión, con la innovación tecnológica de hoy, y la magistral conducción de don Ramón Rivera Batista, Vicente Lora Quezada, Jaime López Brache, J. A. Bruno Pimentel y otros, que fueron grandes maestros de la locución.

Autores, productores y musicalizadotes hubo en los años 70 y 80 que dejaron huellas – o sentaron cátedras – imposibles de ignorar ahora.

Lamentablemente, las llamadas “reglas del mercado” han impuesto  cambios bruscos, y ensombrecido muchas de las cosas positivas logradas.

Nadie tratará de convencerme de que las agresiones al buen gusto que se dan hoy, responden a una demanda del público.

A la decencia se le asestó una estocada mortal.