El fraude de Miguel Vargas

 La aspiración presidencial de Miguel Vargas Maldonado, catapultado desde la presidencia del PRD, parecía un ensayo político atractivo y viable en el  2009, a pesar de que este político, ingeniero civil y empresario inmobiliario acababa de sufrir como candidato la humillante derrota electoral que reeligió al Presidente Leonel Fernández  en el 2008.

 Una amplia mayoría de perredeístas y representantes mediáticos, incluido el suscrito, apoyaron esa iniciativa democrática, porque presagiaba la vitalidad y la esperanza que el opositor PRD necesitaba entonces de cara a los comicios del 2012.

 Por eso, la XXVII Convención Nacional Ordinaria del PRD, celebrada el 19 de julio del 2009, aprobó la elección de Vargas Maldonado a la presidencia del partido por el periodo 2009-2013. Tanto es así, que en septiembre de ese mismo año hizo su debut como titular de la delegación perredeísta ante el Congreso de la Internacional Socialista que sesionó en el Hotel Sheraton, de Santo Domingo.

 Vargas Maldonado pronunció un discurso televisado a la nación antes de la medianoche del pasado viernes. Fue una pieza brevísima, genérica y emitida para asegurar que se queda en la presidencia del PRD por encima de la institucionalidad que él pregona, pues para nada se refirió a la certificación emitida por la Junta Central Electoral (JCE), en la cual consta que su presidencia concluyó el  pasado 19 de julio.

 Quedarse semeja un fraude, pues Vargas carece de fundamentos sólidos para justificar su usurpación de la presidencia perredeísta hasta el 2014, atándola nuevamente a una pretendida aspiración presidencial impuesta. Su ensayo ha sido, sencillamente, desastroso. En el 2009 asumió la cabeza de un PRD sumido en la desesperanza. Al cabo de su gestión cuatrienal,  está peor: sin liderazgo, sin poder congresual ni municipal, dividido y alejado del Palacio Nacional.