El futuro de Palestina

FRANCISCO ALVAREZ CASTELLANOS
El futuro de Palestina es cada vez más incierto, a pesar que desde el 1947 fue declarada como nación, como Estado independiente, al mismo tiempo que Israel. Un año después, Israel era ya un Estado con todas las de la ley, gracias al trabajo, en primer lugar, de David ben Gurión (David hijo del León) y de Golda Meir. Mientras tanto, los palestinos se enredaban en luchas intestinas, al tiempo que se aferraban a Jerusalem como si la ciudad de David hubiera sido árabe en algún tiempo.

Cuando en el año 70 de nuestra era Tito Vespasiano conquistara Jerusalem, destruyera el templo construido por Herodes y dispersara a los judíos por el mundo entero, pasando por la increíble tragedia de Masada, árabes de distintas partes aprovecharon la ocasión y se instalaron en Jerusalem. Y esta situación duró dos mil años, hasta que las naciones del mundo decretaran la fundación del Estado de Israel y del Estado Palestino.

Palestina, dicho sea de paso, jamás ha sido una nación o Estado. Fue, en sus mejores tiempos, una provincia del sur de Siria.

Los ingleses, a nombre de la Sociedad de Naciones (¿ o ya eran las Naciones Unidas ?), gobernaron la ciudad durante varios años, siendo Tel a Viv en ese interín la capital de Israel, hasta el 1967 cuando los israelíes ganaron a cinco países árabes unidos la llamada Guerra de los Seis Días, al mando del mítico general Moshe Dayán, quien aprovechó la increíble victoria para apoderarse también de los Altos del Golán, estratégico lugar desde donde los sirios bombardeaban noche por noche numerosos “kibutz” israelíes.

Pero la verdadera victoria fue apoderarse y declarar a Jerusalem como capital de Israel.

Israelíes y árabes son algo así como “primos hermanos”, porque sus fundadores, Isaac e Ismael, son ambos hijos de Abraham (tenidos con Sara, la esposa, y con Agar, la esclava egipcia). Sara obligó a Abraham a despedir a Agar y a su hijo Ismael, y en ese mismo instante germinó la guerra que dura hasta nuestros días, entre judíos y árabes, ya que Issac fue el padre de la nación judía como Ismael lo fue de la árabe.

La guerra subsiste y subsistirá hasta tanto los palestinos entiendan su propia historia. Y entiendan que con grupos terroristas armados no podrán jamás con Israel, bien llamado “el pueblo de Dios”.

Yo soy de los que cree que los únicos que pueden vencer a los israelitas… son los propios israelitas. Y que el arma a usarse en esa “guerra” es…¡ la política ! Mientras los israelitas no se peleen entre sí, Israel seguirá siendo una de las naciones más poderosas de la tierra, a pesar de su pequeñez territorial y de estar rodeada por enemigos que debieran ser sus mejores amigos, dados los lazos familiares que los unen desde los tiempos de Abraham, creador de los dos bandos.

Jerusalem no es la misma del 1967, dicho sea de paso. Es la ciudad donde las tres únicas religiones monoteístas del mundo tienen sus principales monumentos. Las murallas de la vieja Jerusalem tienen ocho puertas, pero una de ellas se mantiene tapiada hace miles de años porque los israelitas creen que solo se abrirá para que por ella entre el mesías tanto tiempo esperado por ellos. Los judíos, increíble pero cierto, admiten a Jesús como una figura histórica, pero jamás como el mesías, a pesar de ser judío. Pasada la muralla existe una nueva ciudad de Jerusalem, con imponentes edificios y donde conviven, yo diría que pacíficamente, judíos y árabes.

Pero mientras el tiempo pasa, Palestina sigue sin que su estatus se defina. Los palestinos entienden que Israel es árabe, que tienen derecho a dicha ciudad y a cada momento un fundamentalista islámico se inmola produciendo al mismo tiempo decenas de muertes inocentes.

Muerto Arafat, estimo que murió también la posibilidad de la creación a corto plazo de una nación palestina como debe ser. Los grupos extremistas se están ocupando de ello.

Y como señala la revista “Ariel”, israelita, “los problemas deben resolverse mediante el diálogo, el debate y la transigencia”.

Ojalá y los citados grupos extremistas sepan esto, para que no alarguen más un estado de cosas que mantiene al mundo en eterna zozobra.