El gabinete de guerra de Bush

Cuando George W. Bush estaba de campaña electoral en 2000, siempre restó importancia a su desconocimiento sobre la política exterior del gobierno norteamericano. Incluso, en el segundo debate que sostuvo contra el candidato demócrata Al Gore, no fue capaz de identificar quién era entonces el Presidente de Pakistán, uno de los principales aliados de Estados Unidos en el Oriente. Bush minimizó desde entonces su ignorancia alegando que se rodearía para tales fines de un grupo de funcionarios veteranos, experimentados y talentosos en esas lides.

Sobre esta base surgió el libro recién publicado que se titula (“The Rise of the Vulcans; the History of Bush’s War Cabinet”) “El Surgimiento de los Vulcanos; la Historia del Gabinete de Guerra de Bush”. El autor de la obra es James Mann, un escritor del Programa de Seguridad Internacional CSIS luego de haber sido corresponsal de varios periódicos y revistas de importancia en Estados Unidos. Mann recoge allí la impresión generalizada de que desde la campaña electoral se sabía que la política exterior norteamericana no tendría al presidente Bush como guía. Este sector estaría encabezado por el vice Presidente Dick Cheney. Asimismo, el equipo estaría integrado por Donald Rumsfeld, Colin Powell, Condoleeza Rice, Paul Wolfowitz y Richard Armitage quienes desempeñarían cargos esetrechamente vinculados a la Casa Blanca y a la política exterior de Estados Unidos.

En conocimiento anticipado de la minusvalidez del inquilino de la Casa Blanca, ese grupo de políticos, extremadamente conservadores, se bautizó a sí mismo como “Los Vulcanos” en honor al dios romano del Fuego y del Metal. Esos dos elementos sintetizaban el criterio de que la principal mercancía de exportación de esa nación sería la guerra. Ellos se encargarían, tal como lo han demostrado, de que la política exterior de Estados Unidos se encuentre hoy orientada hacia la dominación mundial por la fuerza sin tomar en cuenta las consideraciones del resto del mundo, aún sean sus aliados tradicionales.

En esta publicación, Mann le sigue los pasos, por el conservador estilo, a Bob Woodward, autor de “Bush en Guerra”. Es demasiado evidente que el escritor no le interesa enfatizar sus juicios de valor. Uno nunca sabrá la verdadera razón de no arriesgar sus propias opiniones, tal como lo hizo Woodward un par de años atrás. Podríamos suponerlos presionados, quizás, por la reacción ante cualquier opinión que pudieran tener “Los Vulcanos”. Más aún en momentos en que las libertades públicas en Estados Unidos han sido coartadas por la política de seguridad implantada desde 2001. Da la impresión de que, habilidosamente, el autor evita comprometerse. Parece enmascarar sus opiniones dentro del contexto de las publicaciones que tanto se han hecho en el mundo en torno a la política agresiva de Estados Unidos a pesar de la oposición generalizada.

De todas maneras, James Mann muestra a “Los Vulcanos” como un grupo que surgió de los conceptos ideologizados de la “Guerra Fría”. Asimismo, los presenta como personas que insisten en justificar el fatal legado de la derrota norteamericana en Vietnam. Todavía, treinta años después del fracaso de aquella aventura, mantienen el sofisma de que lo que les impidió la victoria en el sudeste asiático fueron los despliegues de la prensa mundial. Cada uno de “Los Vulcanos” considera el Departamento de Defensa, vale decir “El Pentágono”, como la principal institución del gobierno norteamericano desde la que tiene que emanar el prestigio y el poder. El autor crea la impresión de que esos funcionarios creen que un gran poder militar es esencial para el fortalecimiento de Estados Unidos constituido, según ellos, en la fuerza del bien. Puede deducirse entonces que todo aquel que se oponga a la política exterior nrteamericana representa al mal. Con mucho escepticismo, según Mann, enfocan las relaciones multilaterales y rechazan, por no decir desprecian, cualquier participación u opinión de grupos de países que no compartan plenamente sus actuaciones. Su fundamentalismo llega al extremo de considerar como impropias las opiniones de los aliados del resto del mundo y hasta de muchos Republicanos que plantean que la estabilidad global depende de un fuerte sistema de alianzas y de un robusto grupo de organizaciones internacionales.

La lectura de este libro de James Mann contribuye a entender el estilo de gobierno de George W. Bush y cómo podría continuar desarrollándose su política internacional ahora que la situación de Irak se le complica más de lo que pudieron haber imaginado un año atrás cuando se inició la invasión de ese país. De ahí que sería una buena inversión dedicarle un buen tiempo a la lectura de este libro.