El gallego, el refugiado español que hizo suyas las luchas políticas de los dominicanos

El gallego, el refugiado español que hizo suyas las luchas políticas de los dominicanos

POR ÁNGELA PEÑA
Aunque el pueblo, soldados y combatientes lo recuerdan activo y aguerrido, armado hasta los dientes, camuflajeado, «siete veces sobao» formando comandos, dirigiendo operaciones militares, distribuyendo ametralladoras y fusiles, desempeñándose como el hombre de la absoluta confianza de Francis Caamaño en la guerra de abril, Manuel Eugenio González González (El Gallego), fue actor y protagonista de otros procesos políticos recientes que todavía la historia contemporánea no registra.

Las cartas que enviaba a la familia desde Cuba, entre 1967 y 1970, son la más idónea documentación, por ejemplo, para conocer la actividad de una izquierda compactada que se fue a entrenar para volver en guerrilla contra el gobierno de Joaquín Balaguer, al frente de la cual vendría «Pancho», no el «Román» que llegó por Caracoles en 1973, pese a tratarse del mismo coronel. El Gallego dirigía un crecido número de miembros del Partido Comunista Dominicano que llegarían en la insurrección armada, «creando en el país otro Vietnam cuando Ernesto Che Guevara aún vivía».

El Presidente García Godoy le había concedido al Gallego la nacionalidad dominicana en 1966, altamente merecida por el fervor con que se entregó a las más nobles causas desde que pisó Santo Domingo como refugiado de la Guerra Civil de España. La tiranía de Trujillo, que enfrentó ardorosamente, lo confinó en la frontera, luego lo encarceló y le concedió la cruel primacía de estrenar la silla eléctrica en La 40. Salió de la prisión sin dientes y un brazo roto, en 1958.

Pero su actuación en la contienda bélica de abril y sus manifestaciones contra la intervención norteamericana en ese hecho, lo convirtieron en persona no grata para Balaguer que revocó la naturalización el diez de mayo de 1967, acusándolo de desleal a la República. El 26 de junio fue deportado a España, cruzó Francia y se fue a La Habana a dirigir los compañeros que aguardaban sus instrucciones militares. Caamaño lo cita varias veces en su diario, describiendo maniobras, impresionado con las habilidades de ese Gallego rebelde, que llamaba Fray Francisco de Asís a Fidel Castro, primos a los cubanos, Globo a José Israel Cuello y que en conmovedora misiva a su esposa Clara Isabel Tejera Pol afirmaba: «Tú sabes que ésta es mi vida, prefiero mil veces morir a rajarme».

El tres de octubre de 1968, el líder de la revolución de abril anotó: «Reunión con compañeros del PCD y Gallego (Manolo González)… Le planteo su compromiso y su posición actual. Se compromete, una vez más, en cuestiones de suma importancia y se plantea tareas a realizar tan pronto llegue a Santo Domingo». El Gallego llegó, pero solo, transformado en un próspero comerciante, con el nombre de Agustín Sartuorios, dientes nuevos y el brazo roto enderezado, el trece de febrero de 1970. Las autoridades no descubrieron nunca su ingreso, tal vez porque dos días después se produjo el trágico accidente de Dominicana de Aviación y se perdieron, dicen, todos los registros.

«Lo que se estaba esperando, no vino. Esas son las grandes incógnitas de la historia. Todos regresaron por caminos diferentes. Mi papá pertenecía al Grupo Táctico que se iba a encargar de las operaciones militares urbanas aquí, para el desembarco que se estimaba sería el 18 ó el 20 de abril de 1970, luego se esperaba en septiembre, no vino, se coordinó el secuestro de Crowley para sacar a la gente del MPD, se pensaba que se produciría el desembarco. Nada. Para mi papá fue su gran frustración. Todo se hizo, se esperó a Caamaño, pero se espera una cosa un mes, dos meses, no tres años. Todo se preparó, se entrenaron los hombres, se desengrasaron las armas, se repartieron, nos preparamos, entre ellos yo, que era el ayudante de mi viejo, el que llevaba los mensajes para los preparativos», cuenta Manuel Emilio, el segundo hijo, impetuoso, heredero del temperamento revolucionario del progenitor.

Entonces, añade, «se inicia el replanteamiento táctico. La represión, realmente, era muy fuerte, te voy a ser sincero: si nos lanzábamos, quizá nos hubieran matado a todos. Ese enfrentamiento provocó un desgaste y que mucha gente que esperaba el desembarco se pasara para el enemigo, como pasó con Macorís y todos los que se fueron a la famosa Banda anticomunista, ahí vino lo que se llamó el cambio de táctica, que fueron las leyes agrarias por las que nos acusaron a los pecedeístas de balagueristas, pero en todo ese ínterin estuvimos esperando respuesta de Cuba, nunca llegó. Cuando vino el desembarco, nadie lo estaba esperando, ya ahí no había ningún compromiso».

Ramón Emilio, su madre, y su hermana Natalia, conversan sobre la agitada vida de El Gallego y todo ese convulsionado discurrir lo presenta como héroe de un largometraje caracterizado por el arrojo. Los acontecimientos son, sin embargo, reales, vividos, compartidos por la abnegada compañera revolucionaria que fue doña Clara, a la que él conoció en 1948 en la pensión donde vivía Pichuca Despradel Batista, bibliotecaria como ella, quien se lo presentó. Casaron en noviembre de 1949 y entre cárcel, clandestinidad, luchas, procrearon cuatro hijos: Carlos Eduardo, Manuel Emilio, María del Mar y Natalia.

El Gallego nació el 14 de noviembre de 1923 en Madrid, hijo de Carlos González Sanz y María Dolores González, vino en febrero de 1940 e inmediatamente se dedicó al trabajo. Fue autodidacta y «todólogo» en San Francisco de Macorís, Cotuí, Puerto Plata, Pimentel, La Vega, Juan Santiago, Hondo Valle, el Distrito Nacional. Liniero, vendedor de frío-frío, profesor, fotógrafo, locutor, distribuidor de telas y aceites, administrador de empresas, periodista, zapatero, el inquieto republicano se vinculó a los Munné, Lineras y Faustino Llaneza, como empleado. Y en su actuar revolucionario estuvo en el frustrado complot de Máximo López Molina, en la resistencia a los expedicionarios de junio de 1959, junto a Fernando Spignolio y Bienvenido Creales. Hilda Pérez y Pericles Franco estuvieron también con él en sus luchas antitrujillistas.

Militante del Partido Socialista Popular, de la Juventud Democrática, formó parte de la trama cívico-militar de 1958 para eliminar al Generalísimo en la que participaban, además, Abelardo Vicioso, José Aníbal Sánchez Fernández, el coronel Antonio Mueses Franco, Toñito Rojas, Antinoe Fiallo, Antonio Imbert, Hugo Toyos, y otros que dinamitarían la tarima donde se colocaría el dictador, narra la familia.

Ajusticiado Trujillo, su casa de la Santomé fue refugio de los exiliados que regresaban, pero ya antes había recibido a Minerva Mirabal y en 1963 fueron habituales Manolo Tavárez Justo, Pipe Faxas, Polo Rodríguez, Rafelito Estrada Santamaría y otros que se irían a las montañas tras el Golpe de Estado contra Juan Bosch. El Gallego ofrecería apoyo logístico a la empresa pero previo a ella comunicó a la dirección del 14 de Junio que estaban siendo espiados, dijo los nombres de los infiltrados, y cayó preso. La residencia de El Gallego, luego trasladada a la Duarte esquina Arzobispo Portes, era también permanente depósito clandestino de armas, las primeras que salieron cuando estalló abril.

EN LA REVOLUCIÓN

Pese a su patriótico historial antes y después de 1965, es en abril cuando más se le recuerda. Su actuación es la más referida en casi todos los libros publicados sobre la guerra. Figura en documentos contrarrevolucionarios y en la prensa constitucionalista de entonces. Periodistas extranjeros, como Tad Szulc y Abraham Lowenthal, recogen los testimonios del que luego sería el primer deportado del balaguerato. Camuflajeado de zafarrancho, vestido de hombre rana era, junto con Manuel Ramón Monte Arache, la confianza de Caamaño. Unos lo ubican en POASI con Porfirio García Fernández (Rabochi) y Roberto Cassá, otros dicen que estaba en la Espaillat cuando reunió al PSP y creó el primer comando en la casa de Buenaventura Johnson, él dirigiendo el aparato militar mientras que Pedro Mir y los hermanos Juan y Félix Servio Doucudray se ocupaban de los asuntos políticos. Pero donde lo confirma la familia es en San Lázaro, con Amadeo, Pedro y Alfredo Conde Sturla, Justino José y Altagracia del Orbe, Antonio Isa Conde, Asdrúbal Domínguez, Cachorro Erickson, Norberto Roca, Pérez Guillén, Ariosto, Rafael Ortiz (Capur), José Antonio Rivas (Pepe), Rafael Gil, Ignacio Pérez Mencía (Penchén), Roberto Cassá, Luis Gómez Pérez y otros que no llegan a la lúcida memoria de doña Clara, también militante en el lugar.

Él fue el autor de la consigna: «¡Armas para el pueblo!», el mismo 24 de abril, según sus hijos, y fue uno de los 58 «comunistas» publicados por los norteamericanos para justificar la ocupación. El Gallego estuvo en las batallas del puente Duarte y en la de la calle Castelar.

Pasados todos estos acontecimientos, El Gallego, sin embargo, no tuvo paz, siempre fue perseguido, vigilado, pese a su serigrafía pública en la Nouel, los empleos en Pacolín, Manufactura Diversa o la Zona Franca de San Pedro de Macorís. En 1990, paradójicamente, pasó a trabajar en la Corporación Dominicana de Electricidad, en el último mandato de Balaguer, y en la administración de Ramón Pérez Martínez (Macorís).

-Pero ese fue el Gobierno que él combatió-, se observa. «No, ese fue el Presidente que él combatió, pero eran dos tipos de gobiernos diferentes, el mundo había cambiado», responde Ramón Emilio, a quien el padre consultó antes de aceptar. «A Macorís lo agarraron preso en la revolución robando un arroz para su comando y Caamaño lo mandó a fusilar y mi papá le dijo que no, porque lo robado era comida para su gente, que tenía hambre, entonces Macorís le agradeció eso a mi papá toda su vida. Le dije a mi papá, tranquilamente: la CDE no es de Balaguer, es una institución del Estado y tú tienes que trabajar, trabaja, el trabajo es digno», relata Ramón Emilio. La esposa, empero, entró en crisis. A Natacha también le resultó cuesta arriba, «pero realmente, expresa la hija, fue un trabajo digno. Hizo lo que tenía que hacer: cortarle la luz al que no la pagaba».

El Gallego murió el uno de septiembre de 1996, de un agresivo cáncer en el estómago que le hizo metástasis. El 14 de marzo del 2003, el Presidente Hipólito Mejía le retornó la nacionalidad dominicana.

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