El gato en la gatera II

Federico-Henríquez-Gratereaux

El feudalismo europeo ha sido definido como un fenómeno colectivo de “disgregación de poder”. La monarquía absoluta se nos explica al revés: un fenómeno de “concentración de poder”. Los reyes y aristócratas fundaban su poder en la posesión de la tierra y de las armas para la guerra. El desarrollo del comercio y de la industria tornó más débil la aristocracia terrateniente del antiguo régimen monárquico. La creciente riqueza de los burgueses, en los siglos XVII y XVIII, socavó la autoridad tradicional de los reyes y de la Iglesia. Cuando se quebrantaron las instituciones monárquicas francesas, en 1789, todo el tinglado social ya estaba carcomido por las nuevas realidades “constitutivas”. Las constituciones políticas consagran o documentan -declaran por escrito- la existencia de un orden “constituyente” previamente edificado.
El cañonazo político no puede estallar si el cañón no está montado sobre una cureña, si los proyectiles y la pólvora no están disponibles, si el artillero no está consciente de su posición pública. Las distintas fases de las actividades ilícitas, cuasi-ilícitas o francamente criminales, han creado una “cadena de enriquecimiento” en el seno de grupos sociales anteriormente marginados. El negocio inmobiliario -tanto la construcción como la venta- es hoy un negocio “compartido” entre viejos y nuevos empresarios. La expansión económica de esos nuevos actores, y su conjugación con políticos, militares y hombres de negocios, ha producido un cóctel social inédito que debería ser estudiado por politólogos, educadores, historiólogos.
Lentamente en el principio, rápidamente después, estas nuevas realidades están alterando el balance del poder público en la República Dominicana. La globalización del comercio y de la contratación de mano de obra, nuestro propio crecimiento demográfico vegetativo, al que se añade la continua inmigración haitiana, provocarán que “las cosas hagan montón”. Un poco de polvo al que se agrega otro poquito de polvo, puede engendrar una polvareda y, si cae algo de lluvia, un lodazal.
Los políticos y empresarios dominicanos de los próximos años -si no toman las medidas pertinentes- verán correr el gato barcino de la historia bajo sus piernas. El precio a pagar será la pérdida de la preeminencia social y del poder político. Es, desde luego, un pronóstico; pero de ninguna manera puede considerarse un horóscopo.