El gesto de Minou

Luis Scheker Ortiz

Tiene una extraordinaria significación ética-política. Su reacción era de esperarse. Demasiado esperó. Imposible permanecer por más tiempo enquistada en la cúpula de una corporación política corrupta, calificada por Juan Bosch de oportunista en su carta renuncia del Partido que ha tenido como único norte y propósito arropar el poder político de la nación, controlar todas las estructuras de gobierno y eternizarse en su goce. Retenerlo a toda costa, disfrutando de sus canonjías y privilegios y enriquecerse impunemente, sin medir consecuencias, libre de temores. Protegido por un sistema de gobernanza descreído y dictatorial que cierra las puertas a toda salida democrática renovadora capaz de enfrentar los males ancestrales que victimizan a la sociedad dominicana, a todo un pueblo hastiado de políticos corruptos e irresponsables pero débil, impotente y temeroso de reconocerse a sí mismo, mientras vegeta pacientemente en espera del milagro redentor.

EL gesto de Minou de renunciar del partido donde militara por 20 años, no debió sorprendernos. Vendría en cualquier momento por las razones invocadas, siendo una dirigente comprometida por su estirpe con las mejores causas, apreciada por la sociedad que sigue vigilante sus pasos con interés e inquietud. Sorprende, acaso, de su denuncia, su integridad franqueza, acostumbrados al transfuguismo, el arribismo, la búsqueda de beneficios y ganancias personales a nombre de un pragmatismo inmoral y perverso, que abjura de la lealtad y la decencia. Ella, en cambio, nos deja un mensaje alentador, una razón ética, una causa justa de la decepción que obliga su salida: “Porque esa organización se ha alejado de los principios de su creador, el profesor Juan Bosch.”

La determinación de Minou no significa derrota alguna. Viene a ser la reivindicación de sus raíces, “de sus valores y principios cultivados en su hogar” que acusan y nutren sus convicciones democráticas, de justicia social. De una conciencia política que la hace solidaria “de la necesidad del compromiso con los demás.” “No tengo espacio en el PLD, ni creo que vale la pena”, ha dicho.

Pero ese abandono no implica alejarse del quehacer político. Se queda en la lucha para trillar otros caminos en mejor compañía. Por la mucha sangre derramada de héroes, mártires, y combatientes caídos, por los muchos infelices desterrados en su propia tierra, en su patria lacerada, llena de cicatrices abiertas.

Han de suponerse las horas de serena reflexión. Los tormentos y las angustias sufridas. Noches de desvelo, rodeada de soledades. Pero hoy Minou no está sola. Su gesto la engrandece. Abre nuevas rutas de recapacitación y entendimiento. Oportunidades de enderezar conductas y complicidades que atenazan la conciencia cívica, no solo de dirigentes y cuadros de su otrora partido, también de otros políticos y grupos ensoberbecidos, egoístas, empecinados en una estéril confrontación que ensombrece su liderazgo y el verdadero camino para labrar una democracia real, funcional. De desarrollar socialmente un nivel de concientización y conocimiento capaz de cuestionar las causas de nuestros males ancestrales y liberarnos de la sumisión, la desigualdad social, la ignorancia y la pobreza que conspiran contra el bienestar general y la salud de la patria soñada por Duarte.

En gesto, digno de ser imitado ¿servirá al menos para contener los desmadres de la Cámara Baja?