El globo: una moneda mundial o una utopía retomada

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La idea de una moneda única mundial no cae en el terreno del sueño, deseo, de la especulación en sí, sino en el centro de una preocupación del hombre y la sociedad que proviene de las mismas primeras civilizaciones humanas. La Biblia, libro de libros, consigna en sus páginas la necesidad que vio el hombre de aquel tiempo de esta moneda; necesidad que con el transcurrir pasó a ser una constante.

Cuando este libro andaba en su etapa final, la arqueología, que siempre ilumina, fija, endereza, obra de nuevo sobre los hechos que creíamos ciertos y definitivos, pues un equipo de arqueólogos dio con una moneda que sus dos caras poseen el rostro de Cristo. Así, pues, el pensamiento pasó a la tinta y de la tinta al metal. Cristo, la totalidad, el universo, bien aceptada su imagen para una moneda de este carácter. Y con ella, por razón natural, puesto que la iglesia homogenizaba y, por razón puramente comercial, empresarial se precisaba como moneda única, esto es, un instrumento que posibilitaba el fluir de las negociaciones naturales que son propias del comercio.

Con este libro, “El Globo: una moneda mundial”, el doctor José Rafael Abinader se inserta en esta tradición, recoge en este momento de la humanidad, inicio del siglo XXI, esta persistente idea y le imprime su sello, ese que viene del académico, vicerrector de la Universidad de Santo Domingo, fundador de una universidad, funcionario público en el área de las finanzas; tesorero de la nación, secretario de Estado de Finanzas y, más que todo ello, del hombre de negocios y el constante investigador de la materia, hasta tal grado, que posee una colección de monedas –muchas de ellas aparecen en el libro como apoyaturas de los textos–. De modo que no se trata de un ejercicio ocioso, sino que responde a una reflexión sincrónica de un asunto que nunca tomó olvido en ninguna de la etapa de la humanidad.

Cabe destacar la significación de la existencia de un libro de esta naturaleza en un momento en que la economía no saltó los linderos de las academias, de las teorías restringidas y se anida en el centro de cada familia y el bolsillo de todos los ciudadanos. De economía hablamos todos, de ella sabemos. La terminología económica no es ajena, al contrario, pan de cada día se ha vuelto: devaluación, inflación, tasa de cambios, macro y micro economía, variables, parámetros, tasación, débito y rédito, intereses e impuestos, monetarismo en fin, el conjunto de términos anda de boca en boca, acomodado a una necesidad de conocer con lo que convive: el clima económico es cambiante y, por tanto, hay que vivir alerta a esas variaciones, que ya no ocurren de buen tiempo a otro, sino de día a día, y hasta de instante a instante.

De modo que el libro llega en un momento en que el hombre y la mujer, otra distante de esta disciplina, por fuerza del vivir ordinario se acerca a ella. Y más, el libro llega en un momento en que esta idea, la moneda única, cobra calor y fuerza en los distintos espacios mundiales. Y, en modo extenso, donde ya encuentra raíces: ahí está la Comunidad Económica Europea, entre zigzagueos, imponiendo el euro como moneda única.

En líneas amplias qué contiene este libro: una descripción pormenorizada de la situación de la moneda la mayoría de los países del mundo de hoy. Expone sus fortalezas y a la vez sus debilidades, todo esto apoyándose en las riquezas propias de cada país y del comportamiento histórico del manejo de ella por gobiernos y Estados. Se trata, pues, de un enfoque sincrónico del tema, pero en el que impera extensas reflexiones históricas. Reflexiones que proceden de argumentaciones, de hechos históricos de envergadura, de anécdotas, leyendas, confesiones, observaciones, de las experiencias múltiples que vienen del ejercicio del vivir.

Fluye el libro en sus líneas. El ángulo en que se escribe le proporciona un tono cercano al narrar, lo que imprime cierta plasticidad expositiva que ineludiblemente envuelve al lector. Entre la argumentación, la observación accidental, la información histórica, el dejo descriptivo de paisajes urbanos y rurales, y las evocaciones de pasajes históricos, la moneda única, el Globo, va retomando aquella primigenia utopía que cada vez más se acerca a ser una realidad común.