El gobierno necesita una tregua mayor

POR JUAN BOLÍVAR DÍAZ
En este comienzo de período gubernamental ha quedado más claro que nunca que 100 días son insuficientes para caracterizar un gobierno, tal vez por las difíciles circunstancias económicas y sociales en que asumió, las cuales recomiendan extender el período de gracia al menos por otro lapso de tiempo similar.

El mayor mérito que puede reivindicar el gobierno es la creación de un clima de confianza que ha permitido una importante  recuperación del valor del peso, reduciendo las expectativas inflacionarias y la desesperanza que durante los últimos 18 meses han afectado la vida de los dominicanos.

La persistencia de la crisis energética, la ofensiva contra los ayuntamientos, una reforma tributaria tan limitada que obligará a otra el año próximo, y la constitución de un “gobierno viejo” con la repetición de abundantes secretarios, subsecretarios y vicecónsules son los aspectos que más de han cuestionado al gobierno del doctor Leonel Fernández.

UN COMIENZO MUY LENTO

Una de las características que ha tenido este segundo período de gobierno del doctor Fernández Reyna es su lento inicio, habiendo llegado a los tres meses designando funcionarios. La mayoría de los embajadores aún no han sido designados lo que se atribuye en parte al retraso con que solicitaron la aprobación (agreement o placet) de los gobiernos respectivos.

Al lento arranque contribuyó el hecho de que el presidente pasó la mitad del período de transición viajando por el exterior, lo que retrasó la selección de sus funcionarios. Pero influye también el que buena parte de las energías han estado concentradas en poner parches sobre el cuerpo enfermo de la economía nacional. La reforma fiscal, que devino en simples elevaciones de impuestos, y las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) han acaparado la atención del presidente y sus principales colaboradores.

Durante varias semanas el gobierno puso gran parte de su atención en negociar con los sectores económicos, casi todos renuentes a nuevas cargas impositivas, hasta reducir tanto su proyecto original de reformas tributarias que ha tenido que prometer otro paquete  para junio del próximo año en el borrador de la carta de intención para un nuevo acuerdo con el FMI.

Las energías del gobierno también se vieron disipadas en parte por el huracán que devastó extensiones orientales y nordestanas del país en el primer mes de la gestión, que si bien no alcanzaron las dimensiones de San Zenón, David o George, en cualquier caso concentraron atención y obligaron a desembolsos y acciones extraordinarias.

En ambientes políticos y empresariales se ha estimado que el gobierno arrancó con  lentitud. El Partido Reformista Social Cristiano lo caracterizó esta semana como “sumido en la inercia, carente de iniciativa, de dirección propia, que viabiliza la marcha al garete o bajo contradicciones de sus instituciones y funcionarios”.

MEJORÍA DEL AMBIENTE

Como es normal tiende a ser exagerado el juicio político opositor, pero lo más relevante de estos primeros 100 días que se cumplen el miércoles 24, es que se ha generado un clima ambiental refrescante que ha permitido superar incertidumbres y desconfianzas y por lo menos ha puesto un muro de contención a la desesperanza en que se sumieron las mayorías nacionales a raíz de la crisis financiera detonada por la quiebra de tres bancos.

El valor del peso se ha recuperado en proporción considerable, obligando a una reducción de precios, aún por debajo de lo correspondiente, haciendo retroceder las expectativas inflacionarias, a pesar del importante incremento de impuestos.

Es cierto que todavía es temprano para cantar victoria en relación a la estabilidad cambiaria, especialmente después que el secretario Técnico de la Presidencia dijera imprudentemente que para fines del presupuesto del próximo año estimaban el valor del peso en 37 por dólar.

Después de haber descendido hasta 27 por dólar en la segunda semana de noviembre, el peso volvió sobre 30 en los últimos días. De cualquier forma todavía registra una revaluación de alrededor del 25 por ciento en relación a los 42 por dólar que se situaba el 16 de agosto al inicio del gobierno.

El mejor clima de confianza que ha traído el nuevo gobierno, la negociación de un acuerdo petrolero con Venezuela y la continuación de la política restrictiva del Banco Central, están entre los factores que ha puesto el régimen de Fernández en la recuperación.

Se citan también otros factores, como un superavit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, determinado por el sostenido auge del turismo y las zonas francas, el retorno de capitales, y la reducción de las importaciones petroleras y del pago de deuda externa y por efectos de la recesión económica acentuada con las reformas tributarias.

Nadie ha cuantificado todavía la dimensión del retorno de capitales, pero la que sea está determinada por el mejor clima de confianza imperante en estos tres meses. Aunque hay quienes lo atribuyen simplemente a la salida del poder del agrónomo Hipólito Mejía, cuyo discurso y ambiciones continuistas sembraron tantas incertidumbres en sus últimos meses de gobierno.

La rapidez con que el secretario de Trabajo viabilizó el acuerdo entre los organismos empresariales y sindicales para canalizar el aumento de sueldo al sector privado, es otra de las acciones a colocar en los haberes del gobierno.

LAS MAYORES CRÍTICAS

Las críticas más generalizadas al gobierno de Leonel Fernández se centran en la repetición casi calcada del equipo que lo acompañó en su gestión anterior, incluyendo a los que tienen expedientes de corrupción pendientes en la justicia.

También la abundante designación de secretarios sin cartera, subsecretarios y vicecónsules, contradiciendo el discurso presidencial inaugural del 16 de agosto pasado que prometió ceñirse a los subsecretarios orgánicos y reordenar la actividad consular. Sólo en Nueva York han sido designados 21 vicecónsules y 23 asistentes consulares. En Miami 11 y en muchas otras ciudades, especialmente de Estados Unidos, por lo menos tres.

Aunque funcionarios gubernamentales han asegurado que el gasto de personal se ha reducido en 20 por ciento, sectores de oposición lo ponen en tela de juicio. Aseguran que varias decenas de miles de empleados públicos y de instituciones autónomas cancelados, han sido relevados por dirigentes, militantes y aliados del partido de gobierno.

La presión de los peledeístas por empleos en la administración pública, que ha degenerado en incidentes en varios lugares del país, ha sido el eslabón más débil y de mayor desprestigio para el gobierno.

Hay quienes le critican también el no haber podido superar significativamente la crisis energética, ya que los apagones persisten sobre las 12  diarias. Pero era absurdo pretender que esa situación pudiera ser modificada significativamente en un centenar de días.

El gobierno ha dejado pendiente también la adopción de una serie de normas demandadas por la sociedad dominicana para reducir el tráfico de influencia y la corrupción, como las referentes a la instauración de concursos y sorteos para contratación de obras y compras del Estado.

Entre las críticas relevantes ha figurado el desbalance en las reformas tributarias, al haber claudicado en los gravámenes que se proyectaron originalmente a sectores de poder, como el turismo y los intereses a los depósitos bancarios, descargando todo el peso sobre los consumidores.

Se puede discutir si el gobierno contaba con recursos para iniciar planes sociales más ambiciosos que el tímido “Comer es Primero” que todavía para el próximo año apenas beneficiará a unas 25 mil familias pobres. Lo mismo la queja de que ha sido lento en suplir las demandas de servicios básicos como los de salud pública.

Lo que no es discutible y puede ser su mayor carga negativa más propia, es la ofensiva contra los ayuntamientos, materializada en despojo de equipos, desarme de los alcaldes pedáneos, tan viejos como la República,  y prohibición de las policías municipales.

EXTENSIÓN DE LA TREGUA

Al llegar a los cien días sin haber podido concluir el nuevo acuerdo con el FMI y cuando la recuperación económica es todavía incipiente, el interés nacional demanda una extensión de la tregua política, por lo menos por otros tres meses, a lo que no contribuye la ofensiva contra los ayuntamientos, casi todos bajo regencia del Partido Revolucionario Dominicano.

La apertura de procesos judiciales contra los responsables del Plan Renove del Transporte tenderá también a la ruptura de las hostilidades del principal partido opositor, lo que dependerá de la fortaleza de los expedientes.

No bastará con que el PRD alegue persecución política, ya que las mayorías nacionales probablemente favorezcan el procesamiento de cualquiera que haya abusado de los fondos públicos. Pero la decisión del ministerio público, dependiente del Poder Ejecutivo, incidirá en la marcha de los acontecimientos.      

La proximidad de las festividades navideñas, que tradicionalmente implican una reducción del activismo político, favorece la extensión del período de gracia al nuevo gobierno, el cual será puesto a prueba con el proyecto de presupuesto en vías de concretización por parte del equipo económico gubernamental.

De cualquier forma, los vientos no soplan a favor del perredeísmo, ya que la percepción generalizada es que durante su reciente gobierno se cometieron muchos excesos en el manejo de la cosa pública, y el Plan Renove es precisamente de sus puntos más débiles, ya que las denuncias de irregularidades, tráficos y comisiones lo salpicaron consistentemente.

Si pretenden extremar su reacción, al margen de los méritos del sometimiento judicial, podrían profundizar su descrédito y pagar más por la sal que por el chivo.