El gran ausente

En medio del alboroto provocado por las denuncias de irregularidades supuestamente cometidas durante el proceso de selección de los nuevos miembros del Comité Central del Partido de la Liberación Dominicana, al que se acaba de sumar el senador José Tomás Pérez, hay una ausencia que se nota muchísimo, por tratarse del hombre que hasta hace poco llevaba la voz cantante de los cuestionamientos a los responsables de la organización del VII Congreso Rafael Kasse Acta: Luis -El Diablo- Ynchausti. El hombre, conocido por su beligerancia y capacidad de acción, no ha dicho esta boca es mía en torno a un proceso en el que, según el doctor Franklyn Almeyda, corrió a raudales el dinero “oficial”,  y que fue denunciado como fraudulento por 14 diputados peledeístas y numerosos dirigentes intermedios.

A Ynchausti, dicen por lo bajo algunos de sus compañeros, se le acabó la gasolina antes de tiempo, algo que lamenta mucha gente que hoy quisiera verle defendiendo, con su vehemencia característica, unos principios y una forma de ser peledeísta que parecen haber pasado de moda en estos tiempos de gloria y poder que vive el partido fundado por el profesor Juan Bosch.

SABIA RECTIFICACION

A grandes males, grandes remedios. Esa pudo haber sido la simple lógica a la que apelaron, ante el acoso de una opinión pública intransigente en la exigencia de acciones contundentes contra la delincuencia, las autoridades policiales que decidieron enviar a las calles, a labores de patrullaje, a deportistas, músicos y médicos “asimilados” a la Policía Nacional. La decisión, que ha recibido justificadas críticas por tratarse de un personal que no ha recibido el entrenamiento adecuado para desempeñar una tarea tan peligrosa, ha sido sabiamente rectificada, tal y como anunció ayer el mayor general Manuel de Jesús Pérez Sánchez, lo que devolverá la tranquilidad a todo ese personal y sus familiares, que podrán al fin volver a dormir tranquilos. Hay gente dentro de la Policía, sin embargo, que insiste en que esos agentes siguen haciendo mucha falta en las calles, enfrentándose cara a cara a una delincuencia feroz y desalmada, y que el verdadero problema ha sido que no los han buscado en el lugar adecuado. ¿Sabía usted que un general de la llamada institución del orden tiene, a su entera disposición, diez agentes que le sirven de escolta?

¿EN QUE FALLAMOS?

En lo que el desmentido a las imputaciones de “Estado Fallido” que nos endosara gratuita y graciosamente una publicación norteamericana inicia su recorrido, a través de nuestros consulados y embajadas, por todo el mundo, los “fallos” nos siguen saltando a la cara allí donde menos se les espera y en el momento menos oportuno, como pudo comprobar el presidente Leonel Fernández durante su participación en la audiencia popular celebrada en San Cristóbal el pasado viernes. Portando vistosas pancartas, en las que apresuradamente garabatearon sus principales necesidades, un grupo de damnificados del huracán Georges imploró la atención del mandatario de la manera que mejor se le ocurrió: recordándole el abandono en que los encontró hace ya siete años, en 1998, cuando los visitó para conocer de primera mano el tamaño de su desgracia tras el paso por el país del devastador fenómeno. Probablemente conmovido por la situación por la que atraviesan esas familias, más de 700, que desde entonces malviven hacinadas en inmundos barracones, abandonadas a su suerte por un Estado incapaz de ofrecerles la protección más elemental y necesaria, el presidente Fernández ordenó de inmediato construir un complejo habitacional que sirva de albergue a su inacabable desamparo.