El gran valor de Participación Ciudadana

BIENVENIDO ALVAREZ VEGA
Si Participación Ciudadana hubiera existido en los años sesenta, digamos que a partir de 1966, probablemente el país se hubiera librado de todos los traumas electorales registrados en el país desde entonces. Tal ha sido la importancia y el valor del trabajo desplegado por esta organización que esta semana celebra sus once años de fundada.

Pocas son las elecciones que hasta 1994, inclusive, puede decirse que fueron limpias, organizadas y libres de triquiñuelas y mañas. La reelección del doctor Joaquín Balaguer en 1970 y 1974, por ejemplo, fue posible debido al mantenimiento de un tribunal electoral débil y a la participación abierta en política de militares y policías y al sonsacamiento y persecución de políticos y candidatos de oposición.

A la sazón no había en la República Dominicana una entidad de la sociedad civil fuerte, organizada y con un personal cualificado para servir de contrapeso al poder electoral, primero, y que fiscalizara, segundo, el comportamiento de los partidos y del poder político. Balaguer, entonces, hizo lo que quiso y como quiso.

Y en 1978, cuando era evidente que la población votante quería terminar con la era balaguerista y buscaba un cambio político y económico, el militarismo en el poder y reformismo más trasnochado actuaron para derrumbar la débil institucionalidad. Fue necesario un amplio movimiento de opinión pública y una intervención positiva de Carlos Andrés Pérez y Jimmy Carter, a la sazón presidentes de Venezuela y Estados Unidos, para que toda aquella locura fuera frenada.

Yo creo que si la sociedad hubiera contado con una entidad como Participación Ciudadana, muchos de esos traumas y de esos retrocesos políticos e institucionales hubieran sido evitados o reducidos a su mínima expresión. Por supuesto, sé que estoy razonando de manera especulativa. Pero quiero decir que desde su fundación, en octubre 1993, los procesos electorales dominicanos han contado otra historia.

La principal contribución de  Participación Ciudadana a la sociedad dominicana ha sido en el área electoral. Es decir, a la democracia, porque es imposible pensar la democracia occidental sin elecciones. Se trata de una contribución de extraordinaria importancia en una nación que ya era famosa por sus crisis post electorales.

El llamado conteo rápido ha sido un aporte singular. Ha servido de contrapeso y de fiscalizador de la contabilidad de la Junta Central Electoral. Ha sido un trabajo de una calidad incuestionable. Pero este no ha sido el único aporte de Participación Ciudadana  a las elecciones. Desde los inicios de las campañas comiciales, ha habido un minucioso, escrupuloso y ético acompañamiento de cada proceso electoral. Me parece que aquí radica el carácter extraordinario del papel de esta organización, porque lo ha hecho en nombre de los ciudadanos y ciudadanas, velando por los intereses de estos y procurando, siempre, salvaguardar las instituciones.

Esta acompañamiento, además, ha estado en constante evolución. En cada campaña ha sido de mayor calidad y más pormenorizado. Se procura, por ejemplo, que haya equidad en la publicidad que se difunde, se registran, día por día, todos los hechos y opiniones de valor comicial y se tocan todas las puertas necesarias –Junta Electoral, partidos políticos, Presidencia de la República, organismos internacionales, iglesias, entidades de la sociedad civil, medios de comunicación— para hacer posible unas elecciones de calidad y políticamente creíbles.

En los últimos años Participación Ciudadana también ha venido dando pasos para ampliar su ámbito de trabajo hacia la estratégica cuestión municipal y hacia la lucha contra la corrupción administrativa. Dos áreas estratégicas para el desarrollo de la nación.

Debemos celebrar todos estos once años de vida de una entidad tan útil, tan bien organizada, tan equidistante de los partidos políticos y de los intereses económicos, y que tantos dolores de cabeza le ha evitado a la sociedad dominicana. Participación Ciudadana es un excelente ejemplo de la existencia de espíritu patriótico en el país, dicho sea lo de patriótico en sentido de vocación de servicio por la tierra y las instituciones donde vivimos.

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