El hambre: gran reto del siglo XXI (1 De 2)

RAFAEL AUGUSTO SANCHEZ HIJO
“Los verdaderos triunfadores saben lo que quieren, tienen disciplina y nunca se desvían de lo justo, lo inteligente y lo necesario”. Tomado de “El Reino de la Luz” de John de Abate. El derecho a la vida consagrado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos conlleva en si mismo el derecho que tienen todos los habitantes del planeta a tener a mano los alimentos necesarios para mantener su salud, teniendo en cuenta que a ésta se llega por una adecuada ingesta de productos alimenticios.

Los primeros siete años del ser humano son esenciales. Un niño que en ese período no ha tenido una adecuada alimentación no va a tener en su vida de adulto un cerebro equilibrado y con los nutrientes necesarios para que sus neuronas desarrollen con eficacia su labor. Si éstas son atrofiadas su comportamiento futuro y su salud tendrían graves consecuencias. Cualquier ser humano desnutrido podría llegar a tener actuaciones irracionales, antisociales y hasta criminales.

Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas, en la recién pasada Asamblea General de ese organismo internacional, acaba de expresar su inconformidad con los más de 800 millones de seres que pasan hambre en el mundo e hizo una exhortación en este sentido a cambiar los rumbos actuales.

La pasada administración gubernamental, en sus comienzos, anunció con mucha euforia la creación de un gabinete social que lucharía contra la pobreza. Esto causó un gran impacto y mantuvo las esperanzas en la población indigente y, desgraciadamente, las expectativas de este sector fueron satisfechas muy parcialmente. Hace unos días que el gobierno actual hizo el mismo anuncio. Ojalá tengan éxito las gestiones encaminadas a tales fines. En ese sentido, y por fortuna, ya se ha comenzado, nuevamente, el programa del desayuno escolar, el cual fue ofrecido por la pasada gestión de la Secretaría de Educación de una manera muy irregular. Esperamos que nunca más este importante comienzo del día del niño en edad escolar sea interrumpido y que, además, abarque toda la geografía nacional.

En 1999, la FAO, dependencia de las Naciones Unidas, teniendo en cuenta la grave crisis alimentaria por la que atravesaba la humanidad, desarrolló una investigación a nivel mundial en este sentido. Esta investigación la llamó: “El estado de la seguridad alimentaria en el mundo 1999”. En ella se proporcionaba un desglose por región de la información sobre el número de personas que padecen hambre, y tomaba en consideración una amplia gama de factores que contribuyen a la inseguridad alimentaria.

El informe brindaba algunas noticias alentadoras. Desde 1990-92 había disminuido en 40 millones el número de personas que sufrían hambre en los países en desarrollo. La desnutrición disminuyó en 37 países entre 1990-92 y 1995-97. Sin embargo, el número de personas con hambre que vivían en los países en desarrollo seguía siendo inaceptable en ese momento, pues eran 790 millones. Los resultados del informe dejaban claro que a ese paso -anualmente habían 8 millones menos de personas subnutridas -no se cumpliría la meta de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de reducir a la mitad el número de personas hambrientas en el mundo a mediados del año 2015.

Algunas regiones habían logrado avanzar mucho en los dos últimos decenios, lo que demostraba en ese momento que el hambre no era un problema imposible de resolver. Pese a la situación de Afganistán e Irak, la mayoría de los países del Cercano Oriente y el Norte de Africa habían logrado niveles muy bajos de subnutrición, como los 10 de los 14 países en desarrollo en que la subnutrición afectaba a menos del 5 por ciento de la población. En Asia, sólo Mongolia y Corea del Norte habían visto aumentar sus tasas de desnutrición. Algunos país latinoamericanos también estaban bien encaminados a la seguridad alimentaria.

Aunque el hambre había empeorado en algunas partes del Africa sub-sahariana, numerosos países del Africa occidental había mejorado. No obstante, las últimas estimaciones de la FAO señalan que se ha producido un retroceso en la guerra contra el hambre, según se desprende del “Informe sobre la inseguridad alimentaria 2003” (SOFI 2003), presentado en Berlín.

“Sólo será posible alcanzar la meta de la Cumbre invirtiendo la tendencia actual”, ha explicado Hartwig De Haen, Subdirector de la FAO para el Departamento Económico y Social.

“Tendríamos que ser capaces de liberar del hambre a 26 millones de personas por año, una cifra 12 veces mayor de lo que hemos hecho durante la década de los 90”.

En el último período, la única región que ha mostrado progresos en la lucha contra el hambre fue una parte de la región de América Latina, entre los que no se encuentran República Dominicana y Haití.

Sólo 19 países, entre ellos China, consiguieron reducir el número de personas subnutridas durante la década de los 90. En estos países, el número total de personas hambrientas descendió en más de 80 millones.

En el otro extremo de la clasificación se encuentran 26 países donde el número de personas subnutridas aumentó en 60 millones durante el mismo período.

Veintidós países, entre ellos Bangladesh, y Mozambique, consiguieron temporalmente cambiar la tendencia en contra del hambre. En estos países, el número de personas subnutridas descendió durante la segunda mitad del decenio tras haber aumentado durante los primeros años 90.

En 17 otros países, sin embargo, la tendencia cambió en dirección opuesta, y el número de personas subnutridas, que había estado disminuyendo, comenzó a aumentar. Este grupo incluye países de poblaciones numerosas como la India, Indonesia, Nigeria, el Pakistán y el Sudán.

Al mismo tiempo, el progreso se ha desacelerado en muchos países en que se registraron mejoras importantes en la primera mitad del decenio, entre los que figura China. Al haber reducido la tendencia e la subnutrición hasta niveles moderados (inferiores al 20 por ciento), no cabe esperar que esos países continúen compensando el retroceso de los países en desarrollo. Cifras recientes disponibles para los países en transición muestran un aumento general de 9 millones de hambrientos entre el período de 1993-95 y 1999-2001.

Los países que registran un elevado número de personas con subnutrición crónica registran tendencias a altas tasas de VIH/SIDA y sufren con frecuencia emergencias alimentarias.

La crisis alimentaria del Africa meridional en 2002-2003, que afectó a más de 14 millones de personas, demostró que el hambre no puede combatirse efectivamente en las regiones asoladas por el SIDA, a menos que el Estado tenga en cuenta las necesidades específicas de los hogares afectados por esta enfermedad e incorporen medidas, tanto para prevenir como para mitigar la propagación del VIH/SIDA.

Para el 2020, la epidemia se habrá cobrado al menos una quinta parte de la fuerza de trabajo agrícola en la mayoría de los países del Africa meridional. Ya hoy, en varios países afectados, del 60 al 70 por ciento de las explotaciones agrícolas han sufrido pérdidas en la mano de obra como consecuencia del VIH/SIDA. En algunas zonas gravemente afectadas más de la mitad de estos hogares está a cargo de mujeres -la mayoría viudas-, abuelos y niños huérfanos. En nuestro país las cifras de este flagelo son impresionantes y, desgraciadamente, es muy poco lo que se ha hecho en este sentido.