El hombre y la economía

MARTHA PÉREZ
Hablar del hombre como población humana, y de la economía como un orden funcional o administrativo aplicado al conjunto de actividades e intereses que se relacionan con la vida humana, hace del título de este trabajo, “El hombre y la economía” una compleja pero inseparable relación.

El hombre, como todo ser viviente, necesita un ambiente apropiado para vivir, reproducirse y perpetuarse; condiciones éstas que demandan la recípoca interrelación de hechos físicos, biológicos y humanos que, naturalmente, se fundamentan en lo que a producción, distribución y consumo se refiere.

La economía pasa entonces a ser un resultado de la actividad e intereses del hombre en su relación con el ambiente y sus hechos físicos, biológicos y humanos, los cuales determinan el nivel de producción, distribución y consumo. Es decir, que de la presencia del hombre y su actividad en la tierra depende el nivel de las posibilidades económicas. De ahí, una especie de simbiosis: población-economía.

Esa relación, percibida por el hombre desde sus orígenes, habiéndose colocado obviamente en la delantera de todas las especies animales sobre el Planeta Tierra, lo ha ido convirtiendo en el “manejador” de un orden propio que pretende subordinar toda la actividad productiva sobre la tierra a la satisfacción de sus necesidades y sus gustos; no sólo desde el punto de vista de las condiciones que la tierra le ofrece (producción vegetal, mineral o animal), sino, que mediante su inteligencia, ha ido modificando aquellas condiciones naturales, en su persistente interés de obtener el mayor provecho de los recursos naturales y de las circunstancias del ambiente. ¿Acaso se ha preocupado el hombre por pensar en la distribución de la humanidad sobre la tierra? ¿Sobre todo, tomando en cuenta esa compleja relación hombre-economía? Tal parece que no. Sabemos que el origen de la población humana sobre la tierra data de época muy antigua; y que su ubicación en tiempo y cantidad ha obedecido a su instinto natural por encontrar el lugar más propicio en términos de clima, seguridad y abundancia de alimentos animales o vegetales; lo que contribuyó, entre otras cosas, a las distintas razas y/o tipos humanos con visibles variantes organico-morfológicas que componen la especie humana.

La fuerza de ese instinto vital, patrocinado esencialmente por el favor de las circunstancias, ha seguido desarrollándose de generación en generación, sin percatarse de que aún cuando se considera al hombre y la economía inseparables, y de que donde no hay población no hay economía; también hay que considerar que las posibilidades económicas son las que históricamente han promovido el desarrollo constante de la población humana; independientemente del tamaño de la extensión territorial y/o el espacio geográfico que por conveniencia o interés de “subsistencia” (entonces comodidad grupal o personal) se apropie determinado grupo o persona. La República Domininicana tiene una extensión territorial de mas de 48 mil kilómetros cuadrados; una desigual distribución de la población humana, que responde mayormente al aspecto migratorio fruto de la precitada fuerza del instinto vital, por un lado, y de la división, sub-división y creación de nuevas provincias y municipios, por el otro; favoreciendo indiscriminadamente la densidad de unos espacios territoriales sobre otros, disminuyendo las potencialidades de la constancia de su desarrollo económico; cuando por la falta de concienciación, principalmente, predominan actitudes de corte antiguo en la distribución del hombre sobre la tierra, mediante ocupaciones y/o distribuciones inducidas de espacios territoriales o porciones de terreno, especialmente para el usufructo. La aplicación de la distribución en la época moderna supone, además de aprovechar y transformar equitativa y racionalmente los productos propios del suelo y del resto del ambiente, facilitando la preservación y conservación de éstos, desarollar la industria nativa, ampliar el espacio comercial, científico, cultural con otras naciones (cercanas y lejanas) que facilite multiplicar las demandas económicas y sociales; y los medios para satisfacerlas, así como la previsión de contingencias futuras. Con una respuesta integrada a la consigna política del presente gobierno del Doctor Leonel Fernández, “Comer es primero”, a ser aplicada a través del Plan Social de la Presidencia de la República, se estaría dando respuesta a uno de los instintos vitales del hombre, que en su lucha por la supervivencia lo lleva a apropiarse del espacio geográfico que más condiciones le garantice, sin importarle las características geográficas, económicas, ambientales y culturales que éste ofrezca para el desarrollo económico de la nación y consecuentemente de la humanidad.