El horror a la verdad

FEDERICO

Ortega dijo una vez que el hombre es un animal “verdávoro”, un mamífero necesitado de incluir verdades en su alimentación habitual. La tradición clásica de amor a la verdad es una corriente constante que va, desde la antigüedad griega y romana hasta nuestros días. Ortega, educado en Alemania por maestros neokantianos, recoge esta “preferencia” por la verdad, considerada un “atributo” de los seres humanos. A pesar de todos los esfuerzos de filósofos, religiosos y lingüistas, definir qué es la verdad sigue siendo una tarea sumamente difícil. Se han construido gráficas del raciocinio, “tablas de verdades”, tratando de “poner en claro” que es una verdad para la lógica formal.

La verdad se escurre por los poros de esos coladores dialécticos de lógicos, matemáticos, filósofos. Pero no se trata de que la verdad sea elusiva; existen verdades evidentes, que no suscitan ninguna duda. Lo que falla es el “microscopio” empleado para examinar la verdad, la “cuadrícula” “con que intentamos atrapar sus particularidades intelectuales. Cuando a un salón ingresa una mujer bella, los hombres saben cuál es la verdad; sucede igual cuando llega una fea: todos perciben de inmediato “la verdad”, lo que llaman una verdad palmaria: una es bonita, otra es fea. Así nos ocurre todos los días en el área del “pensar empírico”, como diría Kant.
En el mundo actual no parece cierto que el hombre sea un animal “verdávoro”. La política, la publicidad, el mercadeo, han invadido con consignas y esloganes la intimidad de los habitantes de las ciudades. Cada estribillo se instala en nuestras cabezas con el poderoso adhesivo de la repetición. La mecánica psíquica de Goebbels funciona en cualquier sociedad, en cualquier tiempo. Es posible injertar “verdades falsificadas” en las mentes de miles de personas, y hacerlas reacias a aceptar “verdades reales”.
Después de pasar algún tiempo metidos en una edificación asiria, de redondeles concéntricos de mentiras, nos resistimos a creer que haya otra clase de proposiciones mejores. La mentira sólo es indigesta para aquellos que han visto la cara de la verdad. La famosa caverna de Platón es una alegoría que explica cómo el hombre recluido en ella rechaza enfáticamente la verdad. ¿No es perceptible actualmente el horror a la verdad?