El Iceberg de Danilo

ROBERTO VICTORIA B.
El liderazgo de Danilo Medina me recuerda una historia que le oí a un magnífico intelectual guatemalteco sobre las aventuras de un explorador inglés Sir William Parry, quien en el siglo XIX trataba de abrir una ruta por entre los hielos de la Antártida.

Contaba Parry, según Francisco Pérez de Antón, que hubo un día en que avanzaba en su trineo en dirección Norte y que fue tanto lo que recorrió que los perros que movían el trineo ya no daban más, con la lengua afuera y faltos de aliento, estaban exhaustos. Cuando llegó la noche procedió a verificar sus coordenadas para determinar su ubicación real, y grande fue su sorpresa cuando descubrió que en lugar de haber avanzado hacia el Norte se encontraba más al Sur que cuando empezó su viaje temprano de esa mañana.

Perplejo y pensando que sus instrumentos de navegación se habían dañado a causa de las bajísimas temperaturas, pudo darse cuenta-después de haber agotado todas las hipótesis posibles-, que en efecto se había desplazado hacia el Norte, pero sobre un gigantesco iceberg de unos 60 kilómetros de largo que se movía hacia el Sur.

La historia de la candidatura de Danilo Medina es parecida un poco a la historia de iceberg de Parry. Por qué un dirigente que en toda su carrera política ha exhibido una larga hoja de prudencia, de sosiego, de cero atolondramiento, de repente se embarca en un proyecto que marcha sin coordenadas claras y en sentido contrario a lo que la sensatez y la disciplina partidaria aconsejan?.

Antes de emprender su lucha por la postulación a la presidencia de la República por su partido, aspiración que nadie puede regatearle por la valía de sus méritos, debió de haber hecho un inventario de los componentes de su liderazgo, de su ascendencia real en las estructuras de la organización, preguntarse en soledad de manera cruda y descarnada: Tengo fuerzas para enfrentar a un candidato que es el líder del partido y sin ningún impedimento constitucional más aspirar, y que además está haciendo un buen gobierno y que por su talento y temperamento maneja con eficacia la dinámica del poder?.

Pero aún obviando Medina la propia revaluación de su liderazgo o subestimando la probada habilidad de un adversario que se engulle -como león hambriento- a todo el que lo reta, su mayor error ha sido su falta de timing, o sea no tener un acertado sentido de la oportunidad.

Eso de que “Danilo, Ahora Es”, es una bobada más grande que el Centro Olímpico, y no creo que ese dislate sea de su exclusiva cosecha, pues posiblemente fue inducido a ello, al igual que sedujeron a Francisco Augusto Lora en el 1970 con el cuentecito de que controlaba las estructuras del Partido Reformista.

Joaquín Balaguer, ciudadano de América por su intelectualidad, experto en los clásicos que son referentes en el arte de gobernar, de oratoria cautivante, maestro y fino ejecutor del despotismo ilustrado, esperó por 36 años para mandar de verdad; y a Danilo Medina, hijo meritorio de Arroyo Cano, estudioso de enrevesadas fórmulas químicas, de un discurso soso que tiende al sopor, se le hace cuesta arriba esperar apenas cuatro años.

Creo que era Max Weber que aseguraba que no había profesión más desgraciada que la del profeta; para mi, el ex secretario de la Presidencia se retirará de la contienda, pues su instinto de supervivencia al aproximarse la hora de la verdad le alertará de que él no puede permitir que le cuenten los votos el 6 mayo. Si se lo cuentan, los perros de Parry se lo comerán vivo.