El ilusionismo y el terrorismo

HAMLET HERMANN
Amanecí con deseos de especular y de inventar situaciones imaginarias. Dentro de esa tónica, mi mente ha volado hasta David Copperfield, el ilusionista que hace lo imposible y nos hace creer que no hay trucos allí. Presenta elefantes en el escenario con apenas soplar una voluta de humo. Desaparece tigres de Bengala y materializa aeroplanos en un área donde no cabe ni una motocicleta. Sabemos que con la supuesta magia nos está engañando (quizás podríamos decir ilusionando). Pero lo hace tan bien y con tanto que nos llegamos a creer que esa es la realidad.

Traigo a Copperfield a colación porque hay hechos en el mundo que por el estilo con que se realizan y por el momento en que tienen lugar uno duda de los motivos reales. Pongamos por ejemplo las tres bombas que explotaron en las estaciones subterráneas de Londres la pasada semana. Estas deflagraciones tienen lugar apenas dos semanas después de que otras explosiones cobraran centenares de víctimas entre muertos y heridos. Sin embargo, hay señales evidentes que nos llevan a establecer las diferencias entre las primeras y las recientes explosiones. Estas nos llevan a suponer que ni los ejecutantes ni los objetivos perseguidos eran los mismos en cada caso.

La potencia de los explosivos no es comparable. Las primeras fueron enormes, éstas fueron sorprendentemente pequeñas. Las bombas de principios de mes provocaron centenares de victimas y las de ahora ninguna. Cero heridos, cero muertos, cero lesionados. Cero hit, cero carreras, cero error. El juego perfecto. Luego de las explosiones varios policías vestidos de civil persiguieron por el subterráneo londinense a una persona de rasgos asiáticos quien en la huída “tropezó” y cayó al suelo. Esto le dio la oportunidad para que los agentes le dispararan cinco tiros en la cabeza mientras se encontraba inmovilizado en el piso de la estación. Forma extraña de investigar el acto terrorista con ejecuciones sumarias.

Podría decirse que esos son los hechos publicados en la prensa y que todos pudimos conocer. Dentro de la especulación novelística que me aqueja destaquemos la coincidencia de que al día siguiente a las inocuas explosiones del subterráneo londinense se discutía en la Cámara de Representantes de Estados Unidos la prolongación y eternización del “Acta Patriótica”. Esa ley ha sido uno de los argumentos más socorridos por la Administración Bush para, supuestamente, combatir el terrorismo. Bajo el estruendo de las explosiones del día anterior en Londres los voceros del presidente Bush usaron ese argumento para infundir miedo y lograr la aprobación de una ley evidentemente fascista. El acta negadora de las libertades públicas debía ser aprobada porque los bombardeos de Londres de esa semana confirmaban el peligro en que se encontraba Estados Unidos ante el terrorismo.

Las tan cacareadas libertades públicas del “american way of life” se han ido en banda. El Estado opresor se comporta tan mal como les atribuyen los gobernantes norteamericanos a sus adversarios. Tal como lo hizo George Orwell en su libro “1984”. La ausencia de libertades públicas es lo que rige actualmente en Estados Unidos y se quiere prolongar “per secula seculorum” bajo la excusa de que el terrorismo es omnipresente y omnipotente. Hoy en día el “Big Brother Bush” en Estados Unidos espía, persigue, controla, escucha, encarcela y tortura a quien le dé la gana bajo el supuesto de que se hace para combatir el terrorismo. Una ilusión que, como en el caso de Copperfield, no es otra cosa que una gran mentira.

Visto lo anterior y apoyando el análisis en los fundamentos del Derecho romano debe uno preguntarse: ¿Quién se ha beneficiado de las inocuas explosiones de esta semana en Londres? ¿Salió algún ciudadano perjudicado? ¿Qué pruebas hay de que en verdad fueron actos terroristas? Actuando como abogado del diablo también podría preguntarse: ¿Hay posibilidad de que estos hechos fueran organizados por los gobiernos británicos y estadounidenses para justificar la permanencia de las tropas en Irak y Afganistán así como los enormes gastos militares en que incurren esos gobiernos? Lástima que tengamos que esperar decenas de años para que los documentos que ahora son secretos sean desclasificados y, cuando ya no haya remedio, nos enteremos de que esto fue una confabulación de la CIA con el MI-5 para justificar los miles de millones de dólares en gastos militares así como que los Bush, los Rumsfeld y los Cheney se apoderaran del petróleo de Irak para su beneficio personal.

Puede que esta crisis novelística que padezco suene algo exagerada pero, como en el caso de Copperfield, se parece tanto a la verdad, que cualquiera la cree.