El juego con las iglesias

No sé si ocurre en todas las dependencias gubernamentales, pero lo cierto es que en el caso específico de las iglesias protestantes del país hay una orden para que no le reciban un solo papelito a los pastores que dirigen alguna comunicación o solicitud a la Oficina de Enlace entre el Poder Ejecutivo y la comunidad Evangélica.

Tengo entendido que la razón para esto es que el espacio de la oficina está abarrotado de solicitudes sin salidas.

A la gestión del licenciado Danilo Medina le ha ocurrido lo mismo que les ha pasado siempre a los presidentes del país en cuanto a las congregaciones no católicas.

Durante los procesos de campaña política se prometen muchas cosas pero, cuando se logra el poder, entonces se asume una posición de indiferencia y de olvido total.

Da pena y mucha lástima ver como en la Oficina de Enlace llueven a diario las llamadas de simples obreros de Dios llamando insistentemente para ver si una solicitud de cincuenta o veinte mil pesos ya les salió.

Pero la historia es siempre la misma, esperar la promesa de una partida que nunca llega.

La Iglesia católica ni tiene esa figura ni la necesita, pues sus programas, proyectos y obras han gozado siempre del alto respaldo económico de todos los gobiernos.

Muchos ya empezamos a percibir que la figura de un líder evangélico en el Palacio al frente de la “distribución” de lo que el Gobierno da a cuenta gotas no es más que una estrategia política tendente al engatusamiento.

Y para colmo de males, es altamente preocupante el método caprichoso que se usa para entregar lo poco que se recibe.

Es que es vulnerable todo lo que implica valerse de apoyo para estar en una posición.