El juego político hacia el 2020

27_08_2016 HOY_SABADO_270816_ Opinión8 A

Con la juramentación del presidente Medina para dejar iniciado su mandato de la reelección, se abre un innovador proceso político de los acomodamientos con miras al 2020. Y definir el futuro de la isla. Los dominicanos nos hemos apasionados por la política sin dejar pasar la oportunidad para sumergirnos en sus entresijos de una actividad muy descalificada en el país.
Pese a la apabullante y saturadora presencia de los haitianos en el territorio oriental de la isla, los políticos en el gobierno o la oposición lo ignoran y ni siquiera aparece una estrategia para que la soberanía se consolide en el país.
La descalificación de la actividad política viene determinada por la calidad de los practicantes de la misma, solo en la búsqueda de fortunas al amparo del poder. Lo que se ha visto en los primeros 16 años del siglo XXI es de una alocada carrera por desfalcar el tesoro público, llevando a cabo las maniobras más increíbles de utilizar los resortes de un gobierno para enriquecerse.
Desde la quiebra, a principios del siglo XXI de los bancos con los negocios realizados clandestinamente al amparo de los cargos ejecutivos, hasta la confirmación de los pagos ilegales de comisiones escandalosas con la compra de los ocho aviones brasileños Super Tucano, hay de todo en la viña del Señor en torno a la conducta de los políticos en el desempeño de una función pública.
Días antes de la juramentación del presidente Medina, la Justicia envió una señal inequívoca de rectificación y castigo a lo mal hecho. Se reabrieron los expedientes que dormían archivados por varios hechos de cohecho cometidos en el pasado reciente. Tales eran los casos de INAPA y de la compra de los ocho aviones brasileños Tucano.
Con esa acción antes del 16 de agosto, y lo expresado por el presidente Medina en su discurso inaugural, una nueva esperanza se le brinda a los dominicanos de que se va a enfrentar el cáncer más perverso y nocivo que afecta a la administración pública, que es la corrupción estatal. Aun cuando el mensaje presidencial fue muy parco en el asunto de no mencionar directamente la corrupción por su nombre. Pero en los actos de toma de posesión de cada uno de los nuevos ministros el representante del presidente Medina fue muy puntual en cuanto a que todos debían de llevar a cabo sus tareas con absoluta transparencia, ya que habrá una vigilancia superior para que tal cosa se cumpla.
Desde 1961 ningún gobierno ha estado libre del peculado que cometen sus integrantes. A nombre de sus sacrificios se creen con el derecho de recibir generosas compensaciones de la ley de presupuesto, muy maltrecho y contribuyendo grandemente al déficit presupuestario. Este se arrastra desde hace décadas y se considera como algo normal en la vida institucional del país.
El crecimiento exagerado en los pasados doce años y tan anormal de la maquinaria estatal, que siempre anda a la cacería de los dineros de los contribuyentes, habla a las claras de la pasión que desata en los dominicanos de también buscársela en el sector público. Este no tiene dolientes y todos se creen con el derecho de usufructuarlo a su mejor parecer. Tan solo ahora con los numerosos subsidios bautizados con el nombre de bonos de las más diversa naturaleza, pinta un panorama muy original.
El partido oficial puede disponer a su antojo de miles de ciudadanos que sumisamente se doblegan a los designios de una poderosa maquinaria organizada y entrenada con su único objetivo de servir de dirección y dominio de la población del país.
Han estampado y narigoneado a una población, inducida a esperar los favores de una poderosa elite política. Ésta dispensa favores a sus obedientes y sumisos súbditos. Incluso podría concebirse con una orientación dirigida más allá de la frontera occidental. El país está inundado por una masa humana que complacidamente es demandada y aceptada en el oriente de la isla para los más diversos oficios y hasta en la práctica del deporte, donde hay destacados representantes de la raza vecina.