El legado de Bush

George W. Bush es el presidente de Estados Unidos que al salir de la Casa Blanca el 20 de enero del año 2009 dejará una estela de situaciones difíciles con repercusiones negativas para su nación y para el mundo entero.

A diferencia de un Bill Clinton, los norteamericanos quedarán sumidos en una de las peores crisis económicas después de la Depresión del 1920.

Asfixiados por la pérdida de empleos, la falta de seguridad social, un sistema de salud precario, incertidumbre en la educación de los hijos, alimentos caros, hipotecas impagables, quiebras de firmas bancarias, los ciudadanos decidieron rechazar la oferta del Partido Republicano de Bush. En Norteamérica hoy se preguntan cómo pudo ser posible haberle dado dos oportunidades consecutivas al hombre que hundió tan profundamente al sueño americano.

Increíble, pero la situación llegó a tal extremo que ya estaba a punto de producirse una fuga de cerebros, de prominentes ejecutivos y de firmas hacia países asiáticos en procura de evitar lo peor. En el orden internacional el legado es funesto. En una amplia entrevista concedida al The New York Times, el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad,  dijo que el mundo está patas arriba porque George Bush descuidó su propia nación para irse a buscar problemas en otros pueblos.

El costo de la guerra de Irak es escandaloso. Esta, sumada a la de Afganistán, registra una inversión de más de 800 mil millones de dólares. Estamos hablando de que hay unos 100 mil millones por encima de los 700 mil millones de dólares que significó el “rescue pacakage” aprobado por el Congreso de Estados Unidos para incentivar la economía. Pensar que la China acaba de anunciar una inversión de 586 mil millones para estimular el crecimiento de un mercado de más de mil millones de consumidores.

El presidente republicano dejará tras de sí un enorme desafío ante el deterioro que generó con las relaciones diplomáticas de países europeos, orientales y latinoamericanos. ¿Cómo lo juzgará la historia?