El legado de Franklin Franco: Pensamiento social y político

Franklín Franco en su biblioteca

El pasado siglo XX contó con una fuerza de pensadores dominicanos que traspasaron las fronteras del mundo, de la que Franklin Franco Pichardo fue uno de los más destacados. Este sociólogo, historiador, político y profesor perteneció a una generación de hombres y mujeres que a partir de los años 60 produjeron un cambio en el pensamiento social y político dominicano.

Franklin Franco inició su participación desde el exilio provocado por la dictadura trujillista, la que combatió con todas sus fuerzas y sus armas, luchando por conducir la República Dominicana hacia una democracia y una nación con tradición e historia. Este repudio a la tiranía de Trujillo provocó que la misma desatara una persecución en su contra que lo llevó a exiliarse a finales de los años 50 a Puerto Rico, Venezuela, Cuba, Méjico y Estados Unidos. Luego de este periplo, regresa al país en 1962, tras el asesinato de Trujillo, integrándose al cuerpo docente del Instituto de Ciencias Sociales y Planificación y a las actividades políticas partidistas.

En varias entrevistas y encuentros entre amigos siempre narró cómo le impactó de niño estar presente en San Francisco de Macorís cuando esbirros de la tiranía trujillista asesinaron al adolescente José Luis Perozo, de apenas 15 años, debido a la persecución que contra esa familia había ordenado el tirano, asesinando a la mayoría de sus integrantes y obligando a los demás a huir del país para salvar la vida. Ese episodio le creó la conciencia y le convirtió en un tenaz opositor a la cruel dictadura de Trujillo.

Además de enseñar historia y sociología, fue director de Investigaciones Científicas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Asimismo, fue profesor invitado en universidades de Estados Unidos, América Latina y Europa.

En 1966 obtuvo el Premio de Ensayo Casa de Las Américas, en Cuba, con la obra “República Dominicana: clases, crisis y comandos”.

En la política incursionó en varios partidos y movimientos, y fue líder fundador de la Unión Patriótica Antiimperialista (UPA). Posteriormente se incorporó al Partido Revolucionario Dominicano (PRD), por su amistad con el líder de esa organización José Francisco Peña Gómez.

Además de haber dirigido la redacción y edición de la Enciclopedia Dominicana, entre sus obras más destacadas figuran: República Dominicana: clases, crisis y comandos (1966); Negros, mulatos y la nación dominicana (1969); Trujillismo: génesis y rehabilitación (1971); Vida, pasión y muerte del PSP (1972); Aportación de los negros(1976); Duarte y la independencia nacional (1976); La izquierda y el futuro dominicano (1978); Santo Domingo: cultura, política e ideología (1979).

Reagan y el futuro dominicano (1980); Historia de las ideas políticas en República Dominicana (1981); Fernández Domínguez, Caamaño Deñó: El pensamiento de los militares dominicanos constitucionalistas (1985); Haití, de Dessalines a nuestros días (1988); Israel y Palestina: presente, pasado y futuro (1988); Era de Trujillo (1992).

Historia del pueblo dominicano (1992); Historia económica y financiera de la República Dominicana, 1884-1962: introducción a su estudio (1996); Sobre racismo y antihaitianismo y otros ensayos (1997); El pensamiento dominicano 1780-1940 (2001); Ensayos profanos (2001), entre otras.

Gracias a los aportes de Franklin Franco Pichardo, quien siempre defendió las mejores causas y participó del desarrollo político alcanzado hasta el presente, el 15 de junio en curso (fecha conmemorativa de su partida física) se celebrará un evento in memoriam en el auditorio de Funglode, a las 6 de la tarde, bajo el título de “Raza y negritud en la obra de Franklin Franco”, donde intervendrán especialistas como Ramona Hernández, profesora y directora de CUNY, Dominican Studies Institute de Nueva York, el sociólogo e historiador José Del Castillo y el Dr. Rubén Silié, embajador de República Dominicana en Haití.

En mis encuentros con el profesor Franco, siempre pude percibir que era el investigador dominicano que más había escudriñado y aportado sobre las convergentes y las divergencias dentro de las convivencias pacíficas de las culturas y dentro del encuentro del pensamiento occidental con el mundo africano.

Compartí con él que la negritud había que verla desde su contextualización fonética francesa. “La negritude” no es negritud, si yo escribo negritud en castellano es el conjunto de los valores negros tanto en la población como en el objeto, si yo digo la negritude en francés es una palabra que ha sido fabricada por el poeta Aimé Césaire en el año 1933, cuando la expuso en el periódico “L’étudiant Noir” (El estudiante negro), y con esta palabra quiso expresar la visión filosófica, estética y ética del mundo desde la perspectiva de la civilización africana. Siempre coincidimos en que las palabras tienen un sentido y también las resonancias fonéticas, sobre todo cuando se trata o nos ajustamos al poeta que creó el concepto. Muchos creen que el asunto de la ne gritude es un fenómeno que se desarrolla y se desenvuelve después de la Segunda Guerra Mundial, pero la negritude es circunstancia de un encuentro, de una movilidad de cerebros que se encontraron en París, y esto no es anecdótico, porque detrás de esto hay un sistema colonial que permite eso, es el sistema colonial francés, que tenía un modelo colonial administrativo en África del Oeste, y en lo que hoy se llama Departamentos de Ultramar (las islas de Guadalupe y Martinica), que son los territorios y sociedades francesas en Las Américas.

Otro inspirador de Franklin Franco lo fue Léopold Sédar Senghor, un producto en África en plena época colonial, un producto de África escolarizado en la escuela pública francesa, quien perteneció a la etnia Sereré del país de Yobal que está en el sur de Senegal y como su compañero y amigo Aimé Césaire, quien también fue graduado de la escuela pública francesa en plena administración colonial de Martinica, que sucede, que así como España en su colonización evangelizó con ultraje, Francia escolarizó. Francia escolariza sus pueblos colonizados con el sistema público francés “Liberté, legalité, fraternité”. Ese modelo permite que cualquier estudiante acceda a lo mejor de la escuela pública, porque en Francia lo mejor de la enseñanza es la escuela pública y estos dotados estudiantes de bachillerato fueron becados para venir a estudiar en la escuela normal superior, que no es nada más ni nada menos que la escuela de excelencia francesa que prepara sus grandes ejecutivos, sus grandes pensadores y políticos, entre los que citamos además de Senghor y Césaire, a Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, como a Charles de Gaulle, François Mitterrand, y otros muchos relevantes pensadores.

Concluyo siempre en mis conversaciones con este amigo repasando el legado de Mandela, de los pensadores que modificaron las fronteras del mundo, y cuyas enseñanzas no las traspasó bajo una lucha pacífica, en contra del odio y del miedo, respetando la diversidad racial y cultural, a cuyo grupo pertenecen Mahatma Gandhi, Martin Luther King, y en esta isla del Caribe, Franklin Franco, demostrando en sus obras que es fundamental el entendimiento, las argumentaciones, el contenido práctico y social a una palabra normalmente reservada al idealismo y la intimidad: amor.