El líder agramático

JOSE SILIÉ RUIZ
De seguro pensará el amable lector que se trata de un líder que no conoce la gramática, válido, pero no. El “agramático” es una enfermedad neurológica que se caracteriza porque el paciente tiene afectada, por daño cerebral, la capacidad de pronunciar las más pequeñas unidades significativas en lingüística.

Visto en forma práctica, el paciente pierde la capacidad para producir un adecuado lenguaje, cuya principal manifestación es la emisión de un habla altamente errática, no “conceptualiza”, es de tipo telegráfico, con monosílabos, y con alteraciones sintácticas (no coordina simples oraciones de modo correcto). Desde la neuropsicología cognitiva del lenguaje, se propondría que dicha sintomatología es el reflejo de un daño ocurrido en uno de los módulos del sistema cerebral  encargado de la producción del  léxico organizado.

El cerebro humano constituye la estructura conocida más compleja del universo. Con más de 100,000 millones de células con capacidad de respuesta eléctrica y química frente a estímulos, las denominadas neuronas, interconectadas cada una de ellas con otras 10,000 por término medio, el número posible de circuitos y combinaciones estimados en un único cerebro sobrepasa con mucho el número de átomos existentes en todo el universo. Lo que hace complejo su funcionamiento es el hecho de que todas las funciones cognitivas superiores están interrelacionadas entre sí.

El estudio del lenguaje y el cerebro ha tenido numerosos tratadistas desde los tiempos de Aristóteles, hasta iniciar la etapa científica con Wilheelm Humboldt, quien preconizó que “la diversidad de las lenguas no consiste en una mera diversidad de signos, cuanto que las palabras y las construcciones sintácticas forman y determinan los conceptos al mismo tiempo, y en que… cada lengua representa una visión del mundo”. No existe un mundo prefijado de antemano, ni conceptos independientes de la cultura. El lenguaje, prosigue, no sirve sólo para el intercambio de conceptos, sino también para la formación de los mismos. Aquí la “inteligencia” lingüística desempeña un papel importante. En resumen: “el lenguaje es el órgano constituyente del pensamiento.”

En la realidad actual debemos de aceptar que el lenguaje es un claro ejemplo de una función principalísima del cerebro cuyo desarrollo se sustenta, por un lado en una estructura anatomo-funcional genéticamente determinada y, por otro, en el estímulo verbal que da el entorno. Pero hay personajes que no han tenido ni lo uno ni lo otro, por tanto quedan con ese déficit para toda la vida.

Hay dos áreas en el cerebro que son vitales en el desarrollo del lenguaje, son las llamadas áreas de Broca y de Wernicke. Pero de algo sí estamos seguros hoy día, y es en el hecho de que la interacción neurolingüística es una expresión de superioridad cerebral y esto se ha confirmado por numerosas investigaciones. Necesitaríamos muchos “conversatorios”  dominicales para dilucidar las numerosas publicaciones al respecto.

Si tomamos un líder con todas las características que sabemos son necesarias para el liderazgo trascendente, usted podrá rebatirnos que un líder puede mover a las personas, no por lo que dice, sino por lo que es, y que su autoridad surge de su ser, es válido. Pero insistimos, que si una de las funciones cerebrales superiores como lo es la expresión verbal, gestual y prosódica  está alterada de modo grave en ese líder,  penosamente se parece a uno de nuestros pacientes neurológicos con daño cerebral en las áreas mencionadas y padece él de una variante de la afasia, que es la alteración en la comprensión y uso del lenguaje, con una gran incapacidad de comunicación de sus pensamientos.

En lo particular, sustentamos por las evidencias científicas que ese líder agramático está a nuestro pensar “renco”, pues una de las funciones de la expresión de preponderancia cerebral, la imagen auditiva, la tiene alterada, no puede “conceptualizar” criterios trascendentes, mucho menos polemizar sin agredir, es que no puede hablar correctamente. Mire usted en el espectro político y verá a quién o a quiénes les corresponde el título de “Líder Agramático”.