El macuto de Trucupey

Federico  Henríquez Gratereaux

El general José Miguel Soto Jiménez me ha enviado su nuevo libro con una amable dedicatoria. Esta reciente publicación del ex-ministro de las Fuerzas Armadas se titula: “Las 58 leyes del poder de Juancito Trucupey”. Consiste en una colección de dichos populares propios del pueblo dominicano, aplicables de modo especial a las actividades políticas. El libro lleva un prólogo de Juan Carlos Mieses del que extraigo la cita de una carta que Nicolás Maquiavelo escribió, en 1521, al historiador florentino Francisco Guicciardini. “Desde hace un tiempo a esta parte, yo no digo nunca lo que creo, ni creo nunca lo que digo, y si se me escapa alguna verdad de vez en cuando, la escondo entre tantas mentiras, que es difícil reconocerla”.

La sabiduría campesina de Juancito Trucupey está emparentada con las habilidades para sobrevivir de Sancho Panza, contraparte práctica de don Quijote. En la introducción a su libro Soto Jiménez consigna: “No hay refrán que no sea verdadero”, le decía el Quijote de la Mancha a su escudero Sancho Panza”. Juancito Trucupey viene a ser la encarnación caribeña de Mingo Revulgo. Entre los decires compilados por el autor está: “Déjalo jerver que eso se ablanda”, marcado con el No. 10 en el “florilegio”. Es un pensamiento sacado de las cocinas criollas donde se hierven habichuelas a fuego lento.

El macuto de Trucupey, como nos informa el título, contiene 58 aforismos, pensamientos, o reglas para conducirse en la vida. El autor advierte en la portadilla: “sólo para dominicanos”. Da a entender que estas “filosoficulas” únicamente serán comprendidas a plenitud por los que han nacido en nuestra tierra. Hay que haber sufrido regímenes tiránicos en el pasado, y vivido las pobrezas múltiples de nuestra historia, para entender aseveraciones como: “No le temas al indio que lo que mata es la flecha”.

“Ponerse donde el capitán lo vea”, muestra un lado de nuestra historia militar. “El que no se ajusta al tiempo el tiempo lo ajusta”, revela la dependencia del hombre común de los cambios en el liderazgo político. “Quedarse como perico en la estaca” es rigurosa descripción de aquellas personas que pasan cuatro años esperando un nombramiento que nunca llega. Los “filosofemas populares” chorrean a granel.