El maquillaje corrector

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Este tipo particular de maquillaje merece un apartado especial, ya que tiene un interés primordial en dermatología, no solamente como enmascarador de imperfecciones más importantes, sino por el papel decisivo que tiene sobre la psicología de la persona afectada.

Podríamos decir que el objetivo del maquillaje corrector es “mejorar la apariencia del paciente, respetando su personalidad”.

La reconciliación

La piel es la frontera decisiva entre nuestro mundo interior y el mundo exterior. Nuestra relación social se establece a través del contacto con los demás y, en muchos aspectos, la imagen determina nuestra posición dentro de la sociedad. La lesión cutánea provoca el rechazo de nosotros mismos y, a veces, una reacción de repulsa o piedad por parte del resto, sin olvidar el temor al contagio que subsiste en algunas personas.

Todo esto puede provocar en las personas afectadas por lesiones inestéticas, por pequeñas que sean, graves trastornos de comportamiento. El objetivo del maquillaje corrector no es “maquillar por maquillar”, ni buscar solamente la noción de belleza clásica. Se trata de conseguir que la persona obtenga una imagen más positiva de sí misma y pueda establecer sus relaciones con los demás, sin sentirse diferente. La particularidad de los maquillajes correctores es que suelen tener un alto poder cubriente y algunos pacientes pueden sentir la sensación de llevar una máscara. Por ello es necesario explicar adecuadamente para qué sirve un maquillaje corrector y que, después de este fondo, hay que aplicar correctamente los maquillajes que aportan color (ojos, boca, pómulos), resaltando las zonas más agraciadas. De este modo conseguimos desviar la atención de las lesiones: atraer la atención sobre una zona nos permite disimular otra. De esta manera conseguiremos los resultados más satisfactorios, así como que el paciente integre el maquillaje dentro de sus hábitos de vida diarios.