El más grande Roberto Alomar supera a Joe Morgan

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Si hablamos de excelencia en la segunda base, el nombre de Joe Morgan, el legendario intermedista de la Gran Maquinaria Roja, sale a relucir de inmediato.

Morgan fue una figura preponderante que con su fino guante motorizó un juego importante y determinante para los Rojos de Cincinnati en los años ‘70.

Era, además, un jugador muy popular que fue al Juego de Estrellas en 10 oportunidades diferentes y que en un par de ocasiones bateó por encima de .300.

Su defensa era más que impecable y ganó cinco Guantes de Oro en una carrera que se inició en 1963 y se extendió por tres décadas diferentes hasta 1984.

Morgan fue un excelente jugador de ofensiva también, que en 1976 tuvo una campaña en la que bateó para .320, con 27 cuadrangulares y 111 remolcadas, en una época en la que era casi impensable para un segunda base.

De por vida, Morgan acumuló un promedio de bateo de .271, con 268 cuadrangulares y 1,133 remolcadas, mientras jugó para los Astros de Houston, Rojos de Cincinnati, Gigantes de San Francisco, Filis de Filadelfia y Atléticos de Oakland.

Morgan fue campeón dos veces con los Rojos de Cincinnati y sus logros en las mayores lo llevaron a ser reconocido por muchos como uno de los mejores intermedistas de todos los tiempos.

Por eso, fue ingresado al Salón de la Fama de Cooperstown en 1990.

Pero solo cuatro años después de haber terminado la carrera de Morgan, comenzó la de un joven puertorriqueño que cambiaría por completo el significado de jugar en la segunda base, no solo por su capacidad ofensiva sino también por la elegancia con la que se manejó durante 17 campañas con siete organizaciones diferentes.

Nos referimos al boricua Roberto Alomar, que debutó en 1988 con los Padres de San Diego, pero que al llegar en 1991 a los Azulejos de Toronto fue que dejó su mayor marca en su prolongada carrera.

Alomar fue una superestrella que visitó el Clásico de Mitad de temporada en 12 campañas.

Igualmente, ganó 10 Guantes de Oro y cuatro Bates de Plata al tiempo que conquistó dos coronas con los Azulejos en 1992 (cuando se llevó el premio al Jugador Más Valioso de la Serie de Campeonato de la Liga Americana) y en 1993, en la Serie Mundial jugando contra los Filis de Filadelfia.

Alomar bateó 10 veces por encima de .300 en su carrera y terminó, precisamente, con un promedio de por vida de .300.

Alomar enfrentó un momento difícil en su carrera al escupir al árbitro John Hirschbeck cuando se encontraba con los Orioles de Baltimore.

Alomar fue grande en todo lo que hizo como jugador, y aunque fuera del terreno ha enfrentado algunas turbulencias en los últimos años, su nombre se mantiene como uno de los más respetados del negocio.

Alomar es dos veces inmortal, primero del Salón de la Fama del Béisbol Latino en el 2009 y en el 2010 fue ingresado al Salón de la Fama de Cooperstown luego de esperar un año para su ingreso.

Aunque Joe Morgan tiene grandes credenciales y una carrera impecable, lo alcanzado por Alomar supera lo realizado por el sepia.

Por eso, podemos determinar que el puertorriqueño Roberto Alomar puede ser considerado como el mejor intermedista al comparar a los dos jugadores que disfrutaron de carreras excepcionales, pero que al final de cuentas uno de los dos debe ser colocado encima del otro.