El mercado laboral (sin trincheras)

El desempleo es el principal problema de los españoles. A pesar de su continuada reducción, es la primera preocupación para el 60,6% de los ciudadanos, según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Sin embargo, la tasa de desempleo en España es de 14%, bastante mayor que el 10% registrado en diciembre del 2018 en la República Dominicana. Igual que en España, el encontrar un buen empleo es uno de los anhelos y preocupación de las familias dominicanas.
¿Cómo hay tal discrepancia entre el deseo de un trabajo y nuestras tasas históricamente bajas? ¿Los trabajadores formales no son mayoría? El truco está en el apellido, “formales”. Empezando con la definición técnica del desempleo: “Para que exista el desempleo se necesita que la persona desempleada desee trabajar y que acepte los salarios actuales que se están pagando en un momento dado”. La letra pequeña está en la palabra “deseo”, la misma que se materializa cuando la persona encuestada dice que ha estado en búsqueda activa en las semanas previas a la encuesta. ¿Qué tal si medimos el deseo como toda persona adulta sana que no reciba ninguna remuneración o que sus ingresos son menores al equivalente individual de una canasta básica de sobrevivencia?
La mayor parte de la población dominicana adulta y sana no tiene un empleo formal. Si a la cifra medida convencionalmente le sumamos los empleos informales y tomamos la tasa de inactividad como una referencia podríamos entender mejor la realidad: el código de trabajo y la mediocre ley de seguridad social vigente, protege a una minoría de empleados formales.
Así, aun teniendo el periodo más largo de crecimiento económico ininterrumpido en la historia y por más que tengamos mejoras en la productividad la realidad en el número de empleados y su remuneración serán decepcionantes.
Así, hay que pensar los marcos legales y la seguridad social tomando en cuenta lo que las cifras oficiales recogen, pero no revelan, que nuestro mercado laboral necesita destrabarse hay que pensar fuera de lo convencional tanto en el plano jurídico de los derechos laborales como en términos económicos. Abaratar el costo del pasivo laboral, mejorar la eficiencia del sistema de seguridad social, mejorar protección y tratar de incentivar aumentos salariales (acortando, por ejemplo, las jornadas laborales), acortar el tiempo de revisiones salariales, mejorar el sistema impositivo para las micro y pequeñas empresas…sin trincheras ideológicas y sin negar lo que las cifras disponibles les están diciendo tanto al sector obrero como al sector empresarial…ambos han contribuido enormemente a una formalidad de privilegios que sigue dejando fuera a una enorme población de adultos activos que no tienen empleos formales.
Los dirigentes sindicales necesitan modernizar sus visiones, poner en contextos amplios el derecho de los trabajadores…y el sector empresarial tiene que entender que la creciente desigualdad distributiva, materializada en niveles salariales por debajo de nuestros pares en la región limita la sostenibilidad del modelo no sólo económico, sino social. Empecemos con algo: hablar de la seguridad social, no para beneficio del sistema financiero y pensémoslo además de cómo real derecho de los trabajadores como el instrumento solidario que abarate los costos laborales de las empresas. Es posible.