El Metro: En defensa de su costo

GABRIEL R. ROEDÁN HERNÁNDEZ
Primero deseo aclarar que no soy militante ni jamás me he inscrito en ningún partido político. Siempre he votado por aquel que considero la mejor opción para el país.

Mis años de residencia en U.S.A. coincidieron con los primeros lanzamientos de naves espaciales en la lucha por descender en la superficie lunar antes que Rusia pudiera realizarlo. Las críticas debido al astronómico costo de ese proyecto era el pan de cada día, igual que aquí con el costo del Metro y antes con las avenidas, los grandes parques, los elevados, y todo lo que representa una obra de envergadura, pero necesaria. “¡Derrochar tanto dinero en la luna cuando hay tanta necesidad en el país!” se quejaba la gente. Recuerdo que envié al periódico local de N.Y., en español, una carta-artículo titulado “¡En la luna no hay ni un solo dollar!” y explicaba que allá solo quedó una banderita norteamericana de metal y un pequeño luna-móvil. Los miles de millones se quedaron en la tierra promoviendo la economía norteamericana, beneficiando a decenas de miles de empleados y cientos de empresas necesarias para la realización de un proyecto que impactó al mundo y lo ha maravillado hasta el día de hoy.

El dinero invertido en el Metro no ha sido desperdiciado. Está todo aquí, moviendo nuestra economía. Lo reciben los más de dos mil obreros, los varios ingenieros y personas calificadas; las empresas suplidoras de los materiales necesarios, los cientos de personas entrenadas y necesarias para su correcto funcionamiento; los artistas cuyas obras realzarán las estaciones, los miles de propietarios a todo lo largo de la vía que se beneficiarán con la plus-valía de sus terrenos, etc.

El Metro, además de agilizar y descongestionar nuestras vías, dará empleos a cientos de dominicanos.