El milagro de la paternidad

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POR MIRFAK ROWLAND 
Ian y Leila Marie. Para muchos estos nombres no signifiquen nada, pero para Adolfo Ortega significan la vida, el amor, la recompensa de Dios ante tantos intentos de procrear y de vivir la experiencia de ser papá. El primero, Ian Ortega Ramírez, fue el fruto de la esperanza y de la perseverancia, mientras que Leila Marie Ortega Ramírez, la segunda, es la constancia de que cuando se cree y se confía en  Dios lo que parece imposible puede suceder.

La historia es extensa, pero muy conmovedora. Adolfo Ortega, empresario exitoso, propietario de la publicitaria “Inventun” y su esposa, Olga Ramírez, psicóloga infantil, luego de tres años de casados decidieron comenzar a hacer la “diligencia” para ser papás.

Los primeros intentos fueron fallidos y consistieron en pérdidas que sucedieron debido a una endometriosis que afectaba los órganos reproductores de la fémina. Al ver esta situación, decidieron buscar ayuda profesional y la pareja fue sometida a procedimientos costosos y complicados.

En su afán de procrear, la señora de Ortega perdió 10 embarazos y desarrolló además tres embarazos ectópicos. Pero nada de esto impidió que siguieran luchando por concebir.

Más adelante, decidieron, por sugerencia de amigos, optar por una fertilización in vitro, por lo que la pareja tuvo que viajar a los Estados Unidos a realizarse diversas pruebas de laboratorio y en la tercera y última ocasión en que llevaron a cabo el método (pagaron por un paquete de tres fertilizaciones), Dios los bendijo con la llegada de Ian, quien en la actualidad tiene tres años y dos meses de edad.

Dos años más tarde, la felicidad volvió a tocar la puerta de su corazón, y llega a sus vidas la pequeña Leila Marie, pero para su procreación no se necesitó de fertilizaciones ni de intervenciones médicas (salvo en el parto), ya que fue concebida de manera natural, como un milagro del cielo.

Más de diez años intentando ser padre lo fortalecieron y le hicieron madurar. Ahora, con dos hermosos retoños y una familia completa y feliz, Adolfo Ortega valora el hecho de ser papá y reconoce que cuando se lucha por lo que se quiere, hasta en el último intento se pueden lograr los propósitos.

“Duramos más de 10 años luchando, y eso nos enseñó que en la vida hay que ser persistentes y confiar en Dios, además de que el permanecer unidos, mi esposa y yo, en todo momento nos ayudó a enfrentar las adversidades y lograr lo que queríamos”, indicó el empresario.

Señaló que la situación en que nació su hijo no lo lleva a sobreprotegerlo, ya que considera que él no es un niño especial, sino un niño normal, por lo que merece el mismo trato que su segunda hija.

Ortega agrega que cuando sé es padre y más si sé es en las condiciones en que él lo fue, se valora más la importancia de la paternidad y se siente con mayor grado la felicidad y la alegría que llevan los hijos al hogar.

“Muchas parejas se avergüenzan de decir que tuvieron hijos gracias a la fertilización in vitro, y considero que esto no debe ser así,  porque creo que son procedimientos novedosos y también pienso que en la época de nuestros padres muchas parejas se quedaron sin procrear porque en ese momento no existían procedimientos como ese”, subrayó.

Ortega exhortó a los padres que presentan ese tipo de inconvenientes para tener hijos, que no se dejen vencer y que, aunque el método es costoso, vale la pena intentarlo y agotar hasta el último recurso hasta conseguir tener un hijo.

“Exhorto a las parejas que pasan por una situación similar a la que pasamos mi esposa y yo, que echen para adelante y que no se dejen vencer por las adversidades. Hay muchas instituciones médicas que están realizando estos procedimientos, y aunque son costosos, hay que hacer hasta el último intento”, puntualizó.