El mísero detalle técnico

JULIO BREA FRANCO
“La salud de las democracias, cualquiera que sea su tipo y grado -como escribiera en 1937 el gran ensayista y filósofo español Ortega y Gasset-, depende de un mísero detalle técnico: el procedimiento electoral”. Un pequeño y en apariencia insignificante desliz puede acarrear problemas de impacto político en unas elecciones cualquiera. Las recientes elecciones de 2006 y las anteriores de su tipo del 2002, ofrecen pruebas elocuentes de ello.

En particular, las del pasado año resultaron muy mal administradas. La afirmación no es graciosa ni mucho menos tendenciosa. Se deriva de indicadores que pueden comprobarse examinando los datos disponibles. Vale entonces hacer un repaso indicativo de las dificultades.

Hubo parcialidad en varios fallos importantes sobre asuntos contenciosos. Atrasos extremos en varias fases del proceso. Por ejemplo, el conocimiento de las propuestas y la proclamación de los candidatos fue tan tardía que se desconocía la lista final a tan solo dos semanas antes de la votación. Hubo cambios y sustituciones de candidatos -aceptados alegremente por la Junta Central Electoral que acarrearon 182 impugnaciones. Cambio de electores a municipios y mesas sin que éstos lo hubiesen solicitado, demostrando un laxo control administrativo y un espacio de manipulación real y potencial del registro electoral. El cómputo electoral, en particular el preliminar, fue lentísimo. Impugnaciones al granel: se cuentan 350 recursos.

Si se concentra la atención en el conteo electoral, el de 2006 pasó a la historia como el más largo desde 1982 desde que se disponen de datos detallados, en los inicios de la totalización nacional de los resultados con medios informáticos. Tomó 188 horas, si se deja de lado el relativo a la crisis electoral de 1986. Se extendió más tiempo cuando la tecnología era pobre (1982 – 92 horas); cuando se trató de elecciones muy conflictivas (1990 – 185 horas / 1994 – 159 horas); cuando se trata de las dos elecciones congresionales anteriores de (1998 – 38 horas / 2002 – 91 horas).

Analizando los datos del 2002 y del 2006 se encuentran notas comunes en cuanto a dificultades en el escrutinio y contabilización de las actas de las Mesas Electorales. En las primeras, los problemas en los cuadres de las actas dieron pie a la alteración manual de los formularios. Santiago no fue el único municipio donde se verificó este problema pero sí fue el más elocuente.

A juzgar por lo acontecido, la JCE nada hizo para identificar lo que había sucedido y para evitar su reproducción en el 2006. Se pensó que con el plástico adherible en la parte de los totales del formulario Extracto de votación de las Mesas, el problema se solucionaría. Sin embargo, la situación fue peor. Es que ni se evaluó las experiencia del 2002 y menos se hizo el diagnóstico correcto.

El cómputo fue largo y lento por los descuadres en las sumas que presentaron las actas de las mesas. Tomaba mucho tiempo detectar los errores y, de ser posibles corregirlos, para entonces proceder a su escaneo, tabulación y transmisión desde las Juntas Municipales electorales para la agregación provincial que es la circunscripción base para la escogencia de los escaños en el Congreso. En los días posteriores al 16 de mayo fueron pocos los análisis ponderados que aparecieron que en la prensa pero menos aun los que se esforzaron en encontrar la explicación. No obstante ninguno puso el reflector en la zona del cortocircuito técnico para determinar el porqué ocurrió.

De lo que se dijo entonces el adiestramiento del personal de las mesas fue el aspecto más atacado. El entrenamiento habría sido el gran pecado en la pésima administración del escrutinio y del cómputo.

La evidencia empírica no muestra que el adiestramiento fue el nudo gordiano aunque fue obvio que la gente involucrada no supo llenar correctamente las actas. Pero sobre éste y aspectos anteriores donde se detecta “el mísero detalle técnico”. Volveremos al tema en pos de aprender, diagnosticar y mejor aún, avanzar sugerencias correctivas.
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