El mismo estilo

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POR FRANCIS MESA
No sé si es a mí a la única persona en este país a quien le sucede, pero percibo que lo y las presentadores (ras) de la televisión local tienen todos el mismo estilo. Me pregunto cuál es el afán de pertenecer al montón. De no marcar estilo propio.

Desde los tiempos de Frederick Martínez, El Pachá, no hay un fenómeno de animación que realmente se pueda destacar. Le gustara o no su estilo a muchos, por lo menos era diferente, auténtico, podríamos decir que hasta único. Haga un “zapping” con su control remoto (control de mando, para los españoles que me lean…ay, si lo hicieran), a cualquier hora y las similitudes en la forma de presentar, de hablar, gesticular de nuestros “personajes de la pantalla chica” y no me dejarán mentir.

Muchos dirían que por ahí andan Luis Manuel Aguiló y Michael Miguel, que son de los más ¿diferentes? Si, muy cierto, pero hasta ellos persiguen patrones. La cuestión es que se nos hace monótona la forma en que se manejan. Simplemente, pobreza de estilo.

MUCHO CUIDADO

“De buenas intenciones está lleno el infierno”. Por Dios, eso no lo inventé yo, no soy tan pretencioso y quienes lo pensaron, por favor, no sean tan ilusos. Todavía no he descollado en la creación de célebres frases. Toda esta perorata no es más que para recordarle a Miguel Ortega que si bien su empeño en estar en televisión y hacer un programa de variedades es válido, menos cierto es que no sólo con las intenciones lo logrará. Repetirse y repetirse no es la mejor fórmula de éxito. Debe cuidar su producto y olvidarse que pasó por la ¿escuela de Telemicro? Y hacer algo novedoso. Él no es malo, tiene chispa y hasta carisma, pero ese humor de su programa…habría que darle un giro de 180 grados (saben que si lo lleva a 360 volverá a lo mismo, así que no le exijan más.

ESAS SALAS, QUÉ DIFÍCILES

Hoy mi discurso es un poco panfletario, no lo puedo evitar. Enterarme por amigos que de las pocas salas oficiales de teatro que existen, a los artistas de las tablas se les hace más difícil lograr una fecha en ellas que en Madison Square Garden, me revienta los nervios.

A pesar de que las salas de Teatro Nacional ofrecen facilidades para obtenerlas y posteriores pagos por funciones, hay monopolios que se hacen con las fechas disponibles para presentaciones y, quienes están interesados en lograr esas plazas, deben hacer malabares, presentar currículo y hasta el acta de nacimiento, cuando hay productores que apartan hasta cinco fechas y luego no las pueden utilizar todas. Simplemente, un crimen.

Mientras que la sala Manuel Rueda es extremadamente cara y los muchachos que quieren presentar sus propuestas deben buscar espacios pequeños porque de hacerlo allí, se les “abriría el pecho” y se endeudarán hasta el alma para costear sus obras. Hay que ser más conscientes y entender que no sólo un grupo tiene derecho a “triunfar”, mientras que otro se pasa la vida penando. A todos les asisten derechos, en los que no prevalezcan el dinero y las relaciones de amigos, familiares o políticas. A revisar, señores, a revisar. Hasta la próxima.

francismesa@hotmail.com