El montaje de los XIV Juegos Nacionales Hermanas Mirabal 2018 está garantizado

¿Por qué desde ahora afirmamos que está garantizado el montaje de los XIV Juegos Deportivos Nacionales Hermanas Mirabal programados para celebrarse en marzo del 2018?
Son varias las razones de peso para convencerse que están dadas las condiciones para que el magno acontecimiento doméstico del músculo y el espíritu se lleve a cabo con la mayor brillantez, despejando cualquier resquicio de duda, o en el peor de los casos, cualquier información o cuestionamiento que se incline -quizás sin proponérselo- a crear una errónea sensación de “pánico” en el sector.
Lo primero es que desde el principio las actuales autoridades del Ministerio de Deportes y Recreación, anunciaron entre sus principales objetivos el rescate de los Juegos Deportivos Nacionales, cuya continuidad bianual había quedado rezagada desde la celebración de la XIII versión en Monte Plata 2006, durante la administración de Leonel Fernández.
Lo segundo es que en el marco del Programa de Gobierno Cuatrienal (2016-2020), los próximos Juegos están consignados en el renglón de Metas Presidenciales, una tarea que desde principios de año se ha venido coordinando entre un personal calificado de MIDEREC, responsable de dicha meta, y los técnicos del Poder Ejecutivo encargados de dar seguimiento a estos trabajos que responden a un riguroso sistema de planificación.
Esto quiere decir, que cuando el presidente Danilo Medina, durante su discurso de rendición de cuentas ante la Asamblea Nacional el pasado 27 de febrero, anunció oficialmente al país la decisión de realizar el certamen en el mes de marzo del próximo año, ya era una cuestión estrechamente tratada previamente con el titular de deportes, Danilo Díaz, quien había entregado los primeros informes requeridos para dicha meta presidencial. Los recursos financieros están garantizados mediante la entrega de una partida especial del gobierno.
Entre los objetivos expuestos para concretar dicha meta-producto se incluye: Mejorar las condiciones y preparación de los atletas dominicanos de alto rendimiento, en procura de optimizar los resultados en los eventos internacionales del ciclo olímpico, así como mejorar la parte organizativa y técnica de los juegos; también su sistema estadístico y de marcas, tener un mejor control de las edades de los participantes y racionalizar los gastos.
Para su total cristalización requiere de la adición de varias metas intermedias como: conformación del Comité Organizador, elaboración de la Programación General, creación de los comités coordinadores regionales, programa de instalaciones deportivas, reforzamiento técnico y eliminatorias, entre otras.
En breve, por recomendación de la agencia deportiva, el Presidente de la República emitirá un Decreto estableciendo a la Provincia Hermanas Mirabal como sede del evento, la designación del Comité Organizador y demás Direcciones.
Legalmente el principal responsable de la organización de los Juegos es MIDEREC, contando con la estrecha colaboración del Comité Olímpico Dominicano y sus federaciones afiliadas; también la cooperación de diversos organismos públicos y del sector privado.
Por coincidencia, cuando se realizaron los XI Juegos de Mao, Valverde, en 1997, considerados los más exitosos de todas las versiones, la parte operativa fue dirigida por el actual Ministro Danilo Díaz, que era el Subsecretario Técnico de Deportes, y por el autor de esta columna, que ostentaba la Dirección General de dichos juegos, siendo la primera vez que se ejecutó en los anales del certamen, un programa de comercialización con la participación de varias firmas como patrocinadoras oficiales, lo cual coadyuvó a abaratar el costo de la actividad. En un escenario más complicado que el de hoy los juegos fueron organizados en apenas seis meses.
Con el liderazgo y presencia de Danilo Díaz, acompañado de un equipo de funcionarios de gran nivel y experiencia, el apoyo irrestricto del gobierno y la gran motivación de la provincia sede y las subsedes de San Francisco, Moca y La vega, no hay motivos para el descreimiento, sino todo lo contrario, razones para confiar en el éxito deslumbrante.