El mortífero caos del tránsito  

La muerte de los hermanos José, Delis y Margarita Santana Alcántara, atropellados  por una yipeta fuera de control la madrugada del miércoles, es una muestra de los peligros que corre el ciudadano por el caos en el tránsito. Un análisis hecho por técnicos de AMET en el escenario de este doloroso suceso arrojó como resultado que el vehículo era conducido a  por lo menos 120 kilómetros por hora cuando provocó las muertes y lesiones a otras dos personas.

El suceso no es extraño para este  país, que ocupa el segundo lugar en número de muertes por accidentes de tránsito entre los 182 miembros de la ONU. Es un puesto que desnuda la falta de responsabilidad de las autoridades que deben hacer cumplir la ley de tránsito, promover su actualización y hacer que se castiguen de la manera condigna faltas con potencial  homicida como la violación de la luz roja del semáforo, el manejo temerario y la conducción bajo efectos del alcohol.

   La esperanza de un cambio en esta situación, aunque tímida, está en el plan de seguridad ciudadana anunciado por el Presidente Danilo Medina, que  incorpora aspectos que tienen el propósito de ordenar  el tránsito. Hay que trabajar con la voluntad y seriedad necesarias para acabar con un desparpajo que nos califica como  segundo país en número de muertos por accidentes, entre los 182 miembros de la ONU.

Robo de metales

Hay una evidente falta de voluntad que alimenta el mercado de metales robados. En nuestro país son relativamente pocos los negocios de fundición de metales. Los centros de acopio son más numerosos que las fundiciones, pero también son pocos como para no ser manejables a la hora de una investigación. Pero con todo y eso,  los robos de metales son incontrolables y causantes de pérdidas cuantiosas para el Estado y para el inversionista privado.

Recientemente se han producido robo de cables eléctricos que dejaron sin servicios  zonas urbanas. Otras  sustracciones han dejado sin tramos  verjas  ornamentales de parques. También en estos días fueron robadas piezas metálicas del Faro a Colón. Nadie se ocuparía de robar estos efectos si no existieran compradores y cómplices que encubrieran sus operaciones.  A unos pocos no les conviene que la inteligencia de nuestros cuerpos investigadores sea colocada en la ruta correcta.