El movimiento INTERIORISTA

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Un movimiento literario se caracteriza por reunir a una comunidad de creadores que fincan su lenguaje y su temática en un terreno labrado por similares presupuestos estéticos. La plasmación de estos principios no es consciente en la mayoría de los casos. ¿Cuáles son las causas que motivan la génesis de un movimiento literario? Circunstancias vitales similares, una comprensión cercana de la historia, la tradición, la creación literaria; y la presencia de un elemento aglutinador y motor que encauza e impulsa estas energías fundadoras en un determinado momento histórico. En este contexto podemos valorar la presencia cultural del Movimiento Interiorista en el cultivo de las letras.

La piedra fundamental del edificio creador interiorista la constituyó la fundación del Ateneo Insular que, como organización literaria, juega el papel de cauce y motor de impulsos creadores. Esta orientación creativa y formadora le da una trascendencia cultural y social a la visión poética del Interiorismo. Su estructura orgánica nos habla de su vocación por llegar a los jóvenes creadores para impulsar su tarea y contribuir al desarrollo de sus respectivas comunidades. La tendencia poética le sirve de criterio modelador, tanto en las orientaciones temáticas, como en el lenguaje y los recursos técnicos. Para conocer de los postulados de esta estética del Movimiento Interiorista nada mejor que la imagen clásica, pero tan reveladora, del espejo propuesta por Bruno Rosario Candelier, el creador del Interiorismo, quien abre su texto teórico en Poética Interior: “Cuando el hombre se inclinó sobre la superficie del agua para beber, se produjo un hecho que repite toda criatura pensante en circunstancias diferentes y es el de abrevar el misterio de la propia imagen, y esa contemplación del yo exterior da lugar a meditar sobre el propio ser y sobre la naturaleza de la reflexión y con ella en la del ser que reflexiona sobre el mundo y sobre lo que emana de su propio mundo interior”. La imagen del espejo habla por sí sola: el descubrimiento del sujeto provoca la interiorización. Es el encuentro consigo mismo y, a través de sí, con el otro, con el mundo. No se trata solo del encuentro, sino de la fructífera y tantas veces dolorosa búsqueda de la “íntima urdimbre humana” de la que nos habla Rosario Candelier. Esta expresión del camino, de la búsqueda y, por fin, del encuentro, acerca a los poetas del Ateneo Insular al modo y a la esencia místicos. Los creadores de la Poética Interior reflejan en sus obras ambos momentos, desvelando así sus claras conexiones con la poesía metafísica y mística de todos los tiempos, como el hecho mismo de emplear la imagen del camino para reflejar el proceso interior. Ramón Antonio Jiménez: “Golpear con fuerza/la prisión del mundo/conjurar/ con los párpados apretados/la vulgaridad de los sentidos/(…)/y vivir es dejar de ser/avanzar por túneles oscuros”. La experiencia mística es inefable. El poeta lucha por atraparla con la palabra en toda la intensidad del instante. En los poetas interioristas hay la conciencia del creador, la conciencia de que es su facultad de crear con palabras la que le da el ser a lo buscado. Es la magia de la palabra y de la creación. A pesar de su conciencia de lo inefable, el interiorista no abandona su labor irrenunciable, y es como resultado de esta lucha que hallamos poemas donde nos topamos con el instante de la unión, del encuentro trascendente, con sus imágenes de fuego, luz cegadora, enajenación, abandono. A través de varios poemas recogidos en la Antología vamos a develar con ellos el misterio del encuentro, cargado de paradojas que son expresiones de la intensidad de la vivencia. Arturo del Valle, en “Sueño tangible”, hace decir a Barranco: “Jubiloso quise tactar su luz intangible, que besaba con besos insonoros. Nos quedamos entonces en silencio, en un éxtasis profundo, imantados por el fulgor de una visión divina (…). Entonces sentí la embriaguez plena, la sedación rotunda y entrañable”.