El Mundial de fútbol: ¿un buen negocio para Brasil o una locura?

estadio brasil

RÍO DE JANEIRO. La Copa del Mundo cuesta a los contribuyentes brasileños más de 11.000 millones de dólares, un monto que ha encendido indignadas protestas y alentado a los economistas a sacar nuevos cálculos para responder una vieja pregunta: ¿vale la pena ser el anfitrión de un megaevento deportivo?

Los manifestantes que han salido a las calles, a veces de manera violenta, aseguran que hubiera sido mejor gastar ese dinero en educación, salud y transporte, áreas donde la brecha entre ricos y pobres es mayor en este gigantesco país de 200 millones de habitantes. Pero el gobierno afirma que ser el anfitrión del torneo va más allá de la construcción de estadios y la fiesta.

“La Copa no es una panacea económica sino un catalizador para el desarrollo brasileño”, dijo el ministro de Turismo, Vinicius Lages.

“Fue un factor clave para que Brasil finalmente comenzara a modernizar su infraestructura”, dijo a la AFP. Predijo que el evento inyectará unos 13.600 millones de dólares este año a la economía brasileña, la séptima mayor del mundo, gracias a la marea de turistas extranjeros y domésticos esperados en los partidos. Y luego está el impacto a largo plazo.

El Mundial “tendrá un sorpresivo efecto en cascada en las inversiones”, sostuvo un informe de la consultora Ernst & Young y la Fundación Getulio Vargas (FGV), en 2012. El informe estimó que el Mundial y los Juegos Olímpicos de 2016 en Rio de Janeiro pueden crear entre ambos 3,6 millones de empleos y agregar cuatro puntos porcentuales por año al crecimiento económico hasta 2019.