El mundo al revés

El mundo al revés

Mukien Adriana Sang

Las aventuras de la abuela Mu y sus tres nietos

“Cada libro tiene una forma de ser escrito. Cada historia tiene una manera de ser contada, su propio tono”. Isabel Allende. [1]

Esas cuatro obras fueron el producto de la imaginación y creatividad de un niño

Hace muchos años leí los libros que Isabel Allende escribió para sus nietos: «La Ciudad de las Bestias» (2002), «El Reino del Dragón de Oro» (2003) y «El Bosque de los Pigmeos» (2004). Fue tan grande el éxito que fueron reeditados en un solo volumen bajo el título «Memorias del Águila y del Jaguar». Soñé con hacer algo similar cuando la vida me concediera el privilegio de ser abuela.

Ahora que soy abuela de tres hermosos nietos: Rafael Eduardo, que ya es un adolescente; su hermano, Andrés Eduardo, de casi 9 años; y el más pequeño, Lucas, que tiene 4 años y medio, el sueño podía convertirse en realidad, Siempre les había hablado de que era escritora y que me gustaría hacer un libro con ellos.

Una tarde, Andrés vino a la casa y me vio escribiendo. Me preguntó: Abuela ¿qué haces? Escribiendo un trabajo de historia, le respondí. Yo quiero escribir un libro, me dijo con seguridad. ¿En serio? le pregunté. Me respondió afirmativamente y me dijo: vamos a hacer una historia fantástica. Ahí quedó la conversación.

Tiempo después mi esposo Rafael y yo nos llevamos a los tres nietos a la cabaña que tenemos en Jarabacoa. En el camino se volvió a tocar el tema del libro. Durante la cena se habló del título: “El mundo al revés”. Estuvimos de acuerdo.

Al momento de sentarnos a escribir la historia, Rafael Eduardo no quiso integrarse. Lucas, que todavía no había cumplido los cuatro años, dijo algunas cosas. Finalmente nos quedamos con el proyecto solo Andrés y yo.

Le pregunté a Andrés: ¿quieres seguir con el libro? Su respuesta inmediata fue un gran ¡SI! ¡SI! Me dijo entonces, para que sea más fácil, yo te voy a dictar las historias y tú las escribes. Esa noche hicimos la primera historia de aventuras. Andrés, como todo un profesor, daba pasitos lentos por la terraza, y la abuela, o sea yo, solo se preocupaba por tomar todas las notas. Cuando finalizó me hizo que le leyera mis notas y las corrigió. Me respondió: Ahora sí está bien, seguimos mañana.

Al otro día, al levantarse me gritaba: ¡Abuela, abuela, abuela vamos a escribir! Hicimos entonces el segundo capítulo. Se repetía la escena: pasos lentos dictando. La abuela Mu escribiendo. Finalizamos la fantástica historia y me pidió leer lo que había escrito. Hizo algunas correcciones. Y muy seguro dijo: Seguimos luego abuela. Los dos capítulos siguientes tardaron un tiempo más. Los hicimos en otros viajes familiares. El último, fue dictado en el auto, después de un fin de semana en familia en Samaná.

En estas fantásticas historias, la abuela Mukien y sus tres nietos son los protagonistas. Sus padres y el abuelo Toli, como llaman cariñosamente a Rafael, aparecen de manera circunstancial. Me sentí feliz, porque ellos, especialmente Andrés, me ve como una compañera de sus grandes aventuras, y eso me llena de alegría.

Este libro mágico y maravilloso es el producto de la imaginación de un niño de 8 años, Andrés Eduardo Toribio Taveras. De su imaginación nacieron los países y ciudades inventadas; si las sílabas se ordenan bien verán que todo se desarrolla en Chile; en el desierto de Atacama, en sus maravillosas playas y en la ciudad de Santiago.

El título es suyo, quise ponerle uno más atractivo y me lo prohibió. Gocé muchísimo tratando de dar forma coherente a las historias de aventura de los cuatro; es decir la abuela Mu, o sea yo; Rafael Eduardo, Andrés y Lucas. Siempre nos poníamos en situaciones difíciles, pero nos salvábamos por arte de magia.

Estas cuatro historias fueron el producto de la imaginación y creatividad de un niño. Yo solo fui el artífice para materializar, hacer realidad su creación. Su tía Arancha Toribio, Tití, fue la que hizo el diseño y buscó los dibujos. De regalo de cumpleaños para sus 9 años le regalamos una “edición limitada de 50 ejemplares”. Se puso feliz.

La semana pasada me dijo: “Abuela tengo otra historia. Pero esta vez la haremos con mi prima. Esta es de terror, y los protagonistas son adolescentes”. Ya tenemos cita para escribir su “nueva obra”. Le apoyo porque la creatividad debe incentivarse.

Ojalá mi niño siga desarrollando su imaginación. Eso es lo que debemos hacer los adultos: apoyar las iniciativas y los talentos de nuestros jóvenes. Incentivarlos a soñar, a perseguir sus sueños.

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