El mundo es humillado por terror, guerra y violencia

Ciudad del Vaticano (EFE) – El Papa abrió hoy el Año de la Eucaristía con una misa solemne celebrada en el Vaticano en la que dijo que el mundo tiene necesidad de Dios para poder lograr la paz, “que parece muy lejana de alcanzar al comienzo de este milenio humillado por la violencia, el terrorismo y la guerra”.

   Juan Pablo II alertó que sobre el mundo se cierne la “sombra amenazadora” de una cultura que niega el respeto a la vida en cada una de sus fases y la “sombra de una indiferencia” que condena a muchas personas al hambre y al subdesarrollo.

   El anciano Pontífice, de 84 años, hizo estas manifestaciones en el discurso que pronunció desde la basílica de San Pedro en conexión vía satélite con los asistentes al acto de clausura del 48 Congreso Eucarístico Internacional que se celebra en Guadalajara (México).

   El papa Wojtyla leyó en español varios párrafos del discurso, al principio y al final. El resto del texto lo leyó en su nombre, como es habitual para ahorrarle esfuerzos, el arzobispo argentino Leonardo Sandri, sustituto de la Secretaria de Estado (“número tres” del Vaticano).

   El Papa subrayó que el lema del congreso, “La Eucaristía, Luz y Vida del nuevo milenio”, invita a considerar el misterio eucarístico con la mirada puesta en los graves problemas de nuestro tiempo.

   “De luz tiene necesidad el corazón del hombre, oprimido por el pecado, a veces desorientado y cansado y probado por sufrimientos de todo tipo. El mundo tiene necesidad de luz en la búsqueda difícil de una paz que parece lejana al comienzo de un milenio perturbado y humillado por la violencia, el terrorismo y la guerra”, escribió el Papa y leyó Sandri.

   Refiriéndose a que la Eucaristía también es vida, el Obispo de Roma afirmó que la aspiración más grande del hombre es la vida, pero que por desgracia sobre ese anhelo humano universal se ciernen “sombras amenazadoras”.

   Se cierne, dijo, “la sombra de una cultura que niega el respeto de la vida en cada una de sus fases”, en una clara y directa condena directa del aborto y la eutanasia, y “la sombra de una indiferencia que condena a tantas personas a un destino de hambre y subdesarrollo”.

   También dijo que sobre la humanidad se cierne la sombra amenazadora de una búsqueda científica “que a veces está al servicio del egoísmo del más fuerte”.

   Juan Pablo II considera que ante ese panorama es necesario que el hombre se interpele por las necesidades de los otros, sin olvidar que “no sólo de pan vive el hombre”, en referencia a que el ser humano también necesita “el pan vivo bajado del cielo y ese pan es Jesús”.

   Por ello ha querido dedicar el año que va desde este octubre al mismo mes de 2005 a la Eucaristía.

   Este año, precisó, invita a los cristianos a tomar una conciencia más viva de este sacramento, a una celebración más sentida y a una adoración más prolongada y fervorosa.

   Con motivo de este año, Juan Pablo II publicó recientemente la Carta Apostólica “Mane nobiscum, Domine” (Señor, quédate con nosotros), en la que pidió a los cristianos a que se comprometan a testimoniar con más fuerza que nunca la presencia de Dios en el mundo.

   “No tengamos miedo a hablar de él y llevar con la frente alta los signos de la fe. La Eucaristía promueve una cultura del diálogo. Es una equivocación considerar que las referencias públicas a la fe pueden menoscabar la justa autonomía del Estado o de las instituciones civiles o que pueda animar comportamientos de intolerancia”, dijo el Papa en su mensaje.

   El Papa también pidió a las comunidades cristianas que aviven las celebraciones de la misa dominical, que sea bien celebrada y que incrementen la adoración eucarística fuera de la misa.

   Hoy, ante las miles de personas reunidas en San Pedro y las decenas de miles que le escucharon en Guadalajara imploró a Dios que se quede con los hombres.

   “Quédate con nosotros, no nos abandones, no nos dejes prisioneros de las sombras y de las noches, perdona nuestros pecados y orienta nuestros pasos por el camino del bien”, suplicó.

   Juan Pablo II presidió hoy la misa, que fue oficiada por el cardenal secretario de Estado, Angelo Sodano. Durante la larga adoración se mantuvo arrodillado.

   Al final de la lectura anunció que el próximo congreso eucarístico internacional se celebrará en Quebec (Canadá) en el año 2008.