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AFP

Cazas rusos volvieron el jueves a atacar objetivos en Siria, oficialmente yihadistas, aunque grupos opositores al régimen de Bashar al Asad aseguran haber sido víctimas de esos bombardeos, mientras que militares rusos y estadounidenses intentaban coordinarse para evitar incidentes en el espacio aéreo de ese país en guerra. Se trata del segundo día de ataques rusos, después de que Rusia lanzara el miércoles sus primeros ataques fuera de su territorio desde 1979, cuando la entonces Unión Soviética invadió Afganistán.

El presidente ruso Vladimir Putin descartó sin embargo las acusaciones de que los ataques del miércoles mataran a civiles y las calificó de «guerra informativa». Rusia, uno de los principales apoyos de Asad en el mundo, anunció que sus últimos ataques alcanzaron cuatro objetivos del Estado Islámico, que controla amplios territorios de Siria e Irak. Moscú anunció la destrucción de una base «terrorista», así como de un depósito de armas, un centro de comando y una fábrica de coches bombas. Pero según una fuente de seguridad siria, los ataques iban dirigidos contra el llamado Ejército de la Conquista, coalición rebelde que incluye el Frente Al Nosra (rama de Al Qaida en Siria) y tiene a EI como principal enemigo.

Rusia «comparte» con la coalición liderada por Estados Unidos objetivos en Siria vinculados a Estado Islámico (EI) y otros grupos terroristas, y no piensa ampliar ataques aéreos a Irak, dijo el jueves su canciller Sergei Lavrov en conferencia de prensa en la sede de la ONU en Nueva York. El conflicto sirio, que empezó en 2011 como un levantamiento contra el régimen de Asad, se ha convertido en una compleja guerra civil en la que también participan grupos yihadistas venidos del extranjero. Según los analistas, Moscú intenta sobre todo disminuir la presión rebelde en los territorios que aún mantiene el régimen.

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