Evalúan caso Oxfam en Haití

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El escándalo que sacudió a la ONG británica Oxfam tras las revelaciones de orgías con prostitutas en Haití destaca la relativa impunidad de estas organizaciones en Estados débiles y con sus habitantes sometidos a la extrema pobreza.
Sanidad, educación, urbanismo, gestión del agua… En Haití, las ONG trabajan desde hace décadas en múltiples sectores, hasta el punto de sustituir al Estado que, de golpe, también pierde el control de parte de las ayudas al desarrollo.
«Hablamos de 600 ONG presentes y hubo un aumento extremadamente importante de su presencia tras el terremoto de 2010: es evidente que muchas ONG trabajan sin estar inscritas en el Ministerio de Planificación», revela Camille Chalmers, economista haitiano.
«Ha habido un aumento en el flujo de ayuda bilateral y multilateral a través de las ONG, lo que los convierte en actores imprescindibles en el desarrollo de políticas públicas», señala Chalmers.
Esta preponderancia se acentuó aún más desde que el financiamiento se realiza en dólares estadounidenses, lo que ha creado un abismo entre los trabajadores de estas organizaciones y el resto de la población. «Cobrar los ingresos en dólares estadounidenses es un privilegio enorme en la sociedad haitiana: los niveles de vida son diferentes», asegura Chalmers. Ante el desempleo masivo, cerca del 60% de los haitianos sobrevive con el equivalente a menos de dos dólares por día, que consiguen por pequeños trabajos informales. Para el economista, coexisten «mundos paralelos» en las ONG que «funcionan dentro de una lógica de extraterritorialidad. Ellos construyen su propio territorio, su fortaleza, con una lógica diferente a las del resto del país». Un distanciamiento que ahora se denuncia aún con más fuerza tras el escándalo.