Guardianes de la verdad El Mundo

Pretenden destruir nuestros valores y héroes para destruir la nación

Coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó

Coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó

HOY DIGITAL
Publicado por

Creado:

Actualizado:

Por más que reflexiono sobre lo dicho en contra del coronel Caamaño por un grupo de exmiembros de los Comandos de la Resistencia, no encuentro las razones valederas que pudieren estar moviéndoles a tratar de desmeritar y embarrar la figura de este Héroe Nacional.

Si esas declaraciones provinieran de confesos derechistas, miembros de cualquier partido reaccionario o de exmilitares del ejército que enfrentó a los constitucionalistas de 1965, a nadie le sorprendería. Pero resultan increíbles, tratándose de un grupo de personas que en su momento expusieron sus vidas por la causa revolucionaria y que todos los años asisten a los actos conmemorativos de las efemérides del 16 de febrero del ´73 y del 24-28 de abril del ´65, que organizamos los Partidarios de la Revolución Democrática-PARED y demás organizaciones caamañistas, para honrar la memoria de los héroes y mártires de esas gestas patrióticas encabezadas por el coronel Caamaño.

Porque del Presidente de la República en Armas, como dominicano, se pueden decir cuestiones baladíes de las que se dicen de cualquier hijo de este pueblo heroico, pero lo que nadie en su sano juicio puede negar ni pretender opacar es la verdad histórica de que Caamaño se consagró en 1965 como el héroe nacional más conspicuo del siglo pasado, al encabezar al pueblo dominicano en la defensa de la soberanía y la independencia nacional frente al ejército invasor que las mancillaban y a sus lacayos criollos que les servían.

Y esa consagración la selló con su sangre y con la ofrenda de su vida en el corazón de la Cordillera Central, en febrero de 1973; acción esta de inconmensurable valor histórico, con la cual quedaron también sepultados como nimiedades todo error que pudo haber cometido y cualquier debilidad que, como humano, pudo haber tenido.

Siento una enorme carga de resentimientos y amarguras en las desafortunadas declaraciones de esos exmiembros de los Comandos de la Resistencia, fruto, quizás, de sus experiencias y desacuerdos con el estilo de dirección político-militar del proyecto durante los entrenamientos en Cuba, que provocaron su salida del mismo. Y me preocupa, sobre todo, las razones que pueden tener para hacerlas 41 años después de la muerte de Caamaño, cuando este ya ha sido declarado Héroe Nacional mediante ley del Congreso Nacional.

Por ello no dejo de preguntarme: ¿Por quién o quiénes se estarán dejando instrumentalizar estos compañeros para ponerlos al servicio del movimiento tendencial presente en nuestra sociedad, cada vez más evidente y declarado, que pretende desvirtuar todos los valores socio-culturales nacionales y desacreditar a todos nuestros máximos héroes, mártires, líderes sociales y políticos y personas de valía que constituyen los referentes morales históricos del pueblo dominicano, con el objetivo de destruir las bases de nuestra nacionalidad y la nación misma?

Porque no es posible que alguien en su sano juicio, mucho menos si se presume de revolucionario, pueda hablar tan aberrante y destempladamente de Caamaño por un simple desahogo emocional, sin ni siquiera mencionar su dimensión histórica.

Yo conocí a Caamaño durante la Guerra Patria de 1965, y es posible que sea el dirigente político dominicano que por última vez lo vio y conversó con él antes de su inmolación en Nizaíto, Ocoa. Y puedo asegurar que el hombre con quien yo hablé en La Habana, en los primeros días del mes de agosto de 1971, era un revolucionario a carta cabal, consciente y convencido de la justeza de su causa y aferrado a lo que él consideraba como su compromiso histórico ineludible con el pueblo dominicano: liberarlo de la dictadura balaguerista, del dominio de la oligarquía y del yugo norteamericano que les han oprimido.

En 1971 viajé a La Habana vía Madrid, atendiendo a la primera invitación del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos-ICAP al Comité Ejecutivo de la Federación de Estudiantes Dominicanos-FED para participar de las festividades del 26 de julio, fecha patria cubana. Para entonces, yo era secretario de Asuntos Internacionales de la FED como delegado del BRUC, a la vez que líder público de los CORECATO, cuyo jefe era Miguel Cocco.

Como ya los camilistas éramos parte del Proyecto Caamaño desde 1969, junto con los Comandos de la Resistencia, ambas organizaciones decidimos aprovechar el viaje para hablar con Caamaño en Cuba, cuya incomunicación se había convertido en mayúsculo problema para el desarrollo de las tareas conspirativas que debíamos realizar en el país para echar las bases operativas del componente guerrilla urbana del proyecto, lo cual había dado lugar a la histórica carta de Amaury a Caamaño, en la que criticaba la situación difícil por la que se atravesaba y le comunicaba la decisión de comenzar a operar de manera independiente tras el incumplimiento de acuerdos y ante la imposibilidad de lograr la coordinación y comunicación necesarias.

En esos días la Banda Colorá, instrumento paramilitar de la represión balaguerista, con el teniente Núñez a la cabeza, me buscaba “como aguja” para lincharme, pues me le había escapado en Villa Juana a un intento de asesinato. Miguel y Amaury me hicieron salir de mi escondite de esos días para preparar política y operativamente el viaje, montarme en un avión y volar a España rumbo a Cuba.

Dos componentes tenía mi misión: El primero, ver a Caamaño y entregarle una comunicación enviada por Amaury, en la que le formulaba los planteamientos que más tarde se conocerían en la carta hecha pública por los cuerpos de seguridad del Gobierno, tras la muerte de este. El segundo, plantear a Caamaño dos propuestas políticas:

La primera, una solicitud de ampliación de la participación de los CORECATO en el proyecto insurreccional, que hasta ese momento se circunscribía a la acción en el frente político y social y al componente guerrilla urbana. Queríamos entrar a participar también del componente estratégico, el grupo de combatientes que como foco guerrillero daría inicio a la lucha armada en las montañas del país.

La segunda propuesta consistía en plantear al Coronel como necesidad impostergable una acción política para romper con el aislamiento en que se encontraba en relación con el pueblo dominicano, que fruto del tiempo y de la actividad del enemigo comenzaba a crearse incertidumbre respecto de la existencia y la localización de su líder de abril, cuestión que, a nuestro juicio, actuaba en contra de los planes elaborados.

La acción debía consistir en una aparición pública del El Coronel en algún país del mundo, apropiado para tales fines, dando unas declaraciones, con la cual desmintiera los rumores de su presunta muerte y dejara claro ante la opinión pública internacional y el pueblo dominicano sus planes de regresar al país en una fecha futura para continuar la lucha por su libertad, su independencia y su bienestar.

En caso alternativo, Caamaño debería grabar un mensaje al pueblo dominicano “desde algún lugar del mundo”, en el que despejara las dudas sobre su existencia y reiterara al pueblo dominicano su compromiso inquebrantable de volver al país a combatir a sus opresores para obtener su liberación, misión para la cual llevaba años preparándose. Nosotros nos comprometíamos a difundirlo por la radio nacional, a través de una acción comando, y a imprimirlo para repartirlo masivamente entre la población urbana y rural.

La respuesta del líder no nos satisfizo: En la primera, nos recomendó continuar haciendo lo que veníamos haciendo y, en la segunda, se negó rotundamente a romper su silencio, entendiendo que eso contradecía el proyecto original que él mantenía inalterable.

De regreso al país, al evaluar las conversaciones con el máximo líder del proyecto y las respuestas a nuestras propuestas políticas, concluimos con que este se encontraba atrapado por las circunstancias históricas, que hoy muy bien interpreta y expone el camarada Narciso Isa Conde en su libro Revelaciones, que no se había percatado de los cambios polí ticos ocurridos en el mundo, en el país, pero sobre todo, en la política internacional de la revolución cubana, que estaban dificultando el desarrollo del proyecto tal y como había sido acordado originalmente, y que no les habían sido explicadas a él de manera transparente.

Nos lamentamos de la situación, previendo mayores dificultades para el futuro y la reducción de las posibilidades de éxitos del proyecto. Pero decidimos continuar los esfuerzos junto a los Comandos de la Resistencia para desarrollar las bases de la lucha armada en el país y tratar de superar las dificultades de coordinación con el jefe del proyecto original. Pero, a pesar de las diferencias, en ningún momento se nos ocurrió poner en entredicho la estatura moral y el liderazgo político del coronel Caamaño en la lucha revolucionaria del pueblo dominicano. Para nosotros él continuaba siendo el máximo líder y la pieza clave para cualquier proyecto de tipo insurreccional en el país, cuya jefatura nadie podía regatearle.

Por otro lado, en el intercambio sostenido con los compañeros, que al momento de mi presencia en La Habana se entrenaban en Cuba, jamás escuché a alguien quejarse de la actitud y el comportamiento del Líder de abril, a pesar del reconocimiento por parte de estos de la rigurosidad de los entrenamientos y de la disciplina que allí imperaba, como era de rigor esperar, pues eran guerrilleros y no activistas políticos quienes allí se preparaban.

Sobre el autor
HOY DIGITAL

HOY DIGITAL

tracking