El Museo Bellapart, ampliado, presenta
muestra de Gausachs

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POR MARIANNE DE TOLENTINO
La República Dominicana cuenta con varios grandes coleccionistas de arte. Uno de ellos, Juan José Bellapart, quien ha abierto las puertas de sus tesoros, haciendo un museo ejemplar, accesible a todos, que permite comprender y disfrutar la evolución de la plástica dominicana hasta el período contemporáneo. Solamente le faltaban espacio e ímpetu para aumentar el impacto de la colección con exposiciones temporales, de una dimensión comparable al fondo permanente.

En pocos días, la institución dio un salto increíble, ofreciendo a un público masivo y deslumbrado dos grandes muestras. La primera, “Que no me quiten lo pintao”, anteriormente montada en el Centro León, una suerte de antología visual inspirada por el merengue; inicia a la vez relaciones inter-institucionales contundentes y la presentación de obras de fuentes diversas. Cabe mencionar el logro museográfico que significó la transferencia de un conjunto brillante, a espacios totalmente distintos. ¡Cuán interesante resulta para los privilegiados que han visto esta colectiva en Santiago y luego en Santo Domingo!

La segunda exposición, recién abierta el miércoles en la noche, pone de manifiesto la genialidad pictórica de Josep Gausachs y su transmutación fabulosa cuando Santo Domingo lo acogió y embriagó de esencias tropicales… El espectador responde a esa fascinación, vuelta sello inconfundible.

Al mismo tiempo, la excelente retrospectiva se concibió para inaugurar un vasto recinto contiguo al anteriormente existente, que duplica la superficie y la capacidad expositivas del museo. Como se podía esperar, la instalación y la iluminación son inmejorables, e, incontestablemente, se trata del espacio mejor acondicionado, en la capital,  para exposiciones temporales.

El creador de esta nueva ala es el arquitecto Leopoldo Franco, autor del edificio, que además diseñó la impresionante museografía de la exposición. Cuatro grandes paneles curvados, portadores de cuadros al igual que las paredes, no dejan de metaforizar el oleaje de los “dos mares” de Gausachs, el Mediterráneo y el Caribe.

La curadora es Paula Gómez Jorge, directora del Museo Bellapart. Ya organizadora anteriormente de notables exposiciones en el Museo de Arte Moderno, ella nos invita a la fiesta de su joven sabiduría, que mucho promete para el presente y el futuro. El texto central –que informa tanto como interpreta– del hermoso catálogo es de su autoría. Se siente que Gausachs ha comunicado a Paula su pasión.

 

De la quietud a la fogosidad

“Josep Gausachs, Memoria de dos Mares” tiene la clase de montaje de las exposiciones mayores en cualquier parte del mundo. Se inicia con los datos biográficos del artista catalán, ilustrados con testimonios de época, flanqueados de un autorretrato, y de una emblemática pintura de mulata. En el circuito se incluyen breves textos de referencia, muy bien escogidos, y la colocación de los cuadros, óptimamente espaciados, colaboración de Justo Liberato –que fue amigo de Gausachs–.

Esta generosa retrospectiva revela las obras pintadas antes de la llegada a Santo Domingo con una representatividad que nunca se había ofrecido. Sí sabíamos que Gausachs dominaba todos los “istmos” de la modernidad, además de la academia, vemos su asimilación del cubismo, del fauvismo, del expresionismo, sumando las escuelas de París al legado catalán.

En los años 30, él ya tenía madurez e inclinación hacia el paisajismo. Pero colorido y factura sufrían de una huella algo depresiva y conservaban el anonimato apagado de un pintor bueno. La verdadera inspiración aguardaba el momento decisivo.

Ese llegó… con la llegada a Santo Domingo. Dificultades y penurias se borraron ante la borrasca del Caribe. La naturaleza antillana despertó al genio. Los géneros tradicionales del retrato y el paisaje, sin olvidar algunos brotes florales admirables, se volvieron la vanguardia de una personalidad inconfundible.Todo, absolutamente todo, entonces impresiona. Aquí perfectamente valorizados, colección y exposición se conjugan en testimonio de una metamorfosis.

En este sentido, hay cuadros faros (y no pocos…) como aquel Paisaje Dominicano –sin fecha– cuya montaña azul convierte a una “montagne Sainte Victoire” cezaniana en una gesta pictórica donde las palmas tocan el cielo. O ese formidable Retrato de 1994, en el cual los realces de gouache blanca nos devuelven a los grandes dibujos clásicos y proyectan una luz cruda sobre una faz teatral de heroína de García Lorca. ¿Y qué (no) decir de un paisaje impactante de 1943, violento y cuasi abstracto? Nuestra lectura de las nubes, inquietantes, masivas y sustanciosas, deriva hacia una imagen sobrenatural.

 

Tema predilecto de Gausachs

Cualquier trazo de Gausachs se volvía obra maestra, y una chispa de líneas trabajo acabado. Esos brotes de la conciencia –así llamaba a los dibujos el crítico Xuriguera– y de una mano virtuosa se bastan a sí mismos, en su riqueza sugerente, como los croquis del efusivo tríptico rojo, ya espejos de un escenario. Por cierto, otra exposición excepcional reciente desplegó en el Centro Cultural de España los fastos del “Gausachs íntimo”. Aquí la confrontación entre los bocetos veloces, los dibujos elaborados y los óleos sobre tela nos enseñan el caudal totalizante de un talento sin par, que manejaba con igual soltura y dominio todos los materiales y técnicas. Un juego y un goce permanente llevado a lo visual.

Ahora bien, la mujer constituye no sólo el tema predilecto de Gausachs sino su expresión más profunda y magistral, en variaciones colindando tanto con el realismo –sobresaliendo los retratos de Lula– como en un neoexpresionismo desenfadado –Retrato de Negrita azul– o una jocosidad interpretativa –la serie de desnudos de 1947–. Con razón los críticos han destacado la sensualidad de sus figuras femeninas negras y mestizas, revelación preeminente del choque étnico y cultural. Dice Paula Gómez: “Gausachs mostró su pasión hacia la mulata dominicana en numerosos retratos y desnudos”.

Entre los elementos que más impresionan está la cabellera, esa masa negra que chorrea desparramada… pero también mantiene su impacto en las ondas rubias de la fotógrafa Ana María Schwartz. Las mujeres se trasmutan en criaturas míticas de la raza, poderosas, cautivadoras y dispuestas a la entrega, fundiéndose la hermosura y la fealdad.

En los últimos años, Josep Gausachs –que nunca “involucionó– desplegó su capacidad de síntesis entre la figuración y la abstracción, lo orgánico y lo constructivo, la luz y la sombra, el lirismo y el humor, la naturaleza vegetal y humana. Admirables son la Reunión en la Foresta, el Bosque mágico y las inefables Tres Gracias.

Compartimos la opinión de León David, afirmando que hay una pintura dominicana antes y otra después de Gausachs. En esta exposición, tan clara y bien conformada, resaltan la visión y la presencia del insigne catalán,  cuánto animó, enseñó y encontró, a través de un dibujo y una pintura carismáticos. Agradecemos una vez más que Juan José Bellapart nos haga disfrutar el esplendor de su colección.

Ojalá Gausachs el magnífico consiga en su país de origen el reconocimiento que corresponde a una obra formidable, ibérica y criolla, que superó el marco de su tiempo y anunció las libertades del arte contemporáneo.