El orgullo banilejo con su patrona

Los rasgos característicos de la raza banileja son muchos, que permiten distinguirlos en todos los asentamientos humanos que se han establecido, dando a conocer valores intrínsecos que son admirados por los demás ciudadanos.

No es solo su destacada laboriosidad, su apego a la limpieza de las calles de su pueblo Baní, su cultura, la belleza de sus mujeres buscada por galanes de otros pueblos para hacer un buen matrimonio, sino que es su peculiar apego a su patrona, la virgen morena de Nuestra Señora de Regla, que sin importar que no sean creyentes, se le reserva un lugar muy íntimo en el corazón, aun cuando la devoción no sea una prenda banileja.

Y hoy, que se celebra la festividad de Nuestra Señora de Regla, los banilejos de todos los niveles se dan cita en su pueblo, para compartir y disfrutar de una devoción, que distinta a la de La Altagracia, Fátima o Las Mercedes, que es hacia esas advocaciones que se dirigen todas las oraciones, demandando milagros de todo tipo. El caso banilejo es una peregrinación muy particular, centrada en el amor por su terruño, en donde la virgen juega un papel muy importante en sus tradiciones.

El ilustre banilejo Francisco Gregorio Billini en su obra ”Baní, o Engracia y Antoñita” narra, con unas pinceladas inolvidables, los afanes y preocupaciones de los banilejos a lo hora que llegaba noviembre y se preparaban para celebrar las “fiestas”, en que para aquel tiempo de 1880, como lo había sido antes y fue igual hasta finales del siglo XX, los afanes eran las pinturas de las casas, de los vestidos y trajes para asistir a los bailes, a las misas, a las novenas y las vueltas por el parque central, culminando con la procesión de la virgen por las calles engalanadas del viejo Baní, disfrutando de las bandas de música como la de los Bomberos Civiles de la capital.

La culminación de las fiestas, con sus novenas y gozos a la virgen, que se iniciaban el día 11 de los corrientes, y cada noche, después de la celebración religiosa, los feligreses salían al parque para escuchar la música tradicional en medio del regocijo de la multitud, y ayer día 20 se celebró la tradicional subida de la virgen, que previamente fue preparada con todas sus galas de joyas y vestido de azul pálido y blanco, transformando la hermosa cara de la virgen. Esta veneración la instauró San Agustín, allá por el siglo IV, para pasar a España a su santuario de Chipiona en Cádiz.

Ya para 1810, en el periodo de España Boba, la estatua llegó a Baní para sufrir los embates de incendios devastadores de las rústicas iglesias, hasta que para 1888 se construyó el edifico de mampostería, que tanta admiración provocó en Eugenio María de Hostos y sentenciara que “Baní es una familia”. Para los banilejos, su patrona es el patrimonio más querido, aun cuando no sean muy devotos a la hora de elevar oraciones al Altísimo y a su patrona, prefiriendo la advocación de Nuestra Señora de La Altagracia, de Fátima o de las Mercedes.

Al menos, ese amor a la Señora de Regla está latente en todos, y junto a ese apego al trabajo, el amor a su patrona, es algo innegociable y eso no se le regatea a los banilejos, poseyéndolo como su patrimonio más querido, aun cuando para el resto del año no se acuerden mucho de él, pero al menos se hace el esfuerzo para estar presente en la misa solemne de hoy en la mañana, para oír y ver al monseñor Bretón elevar al cielo sus plegarias de amor y comprensión entre los banilejos, así como demandar mayor ayuda a las necesidades de la diócesis, ya con 25 años de establecida.