El orgullo no es soberbia, es autorespeto

Karina Pereyra
“La sabiduría consiste en saber cuál es el siguiente paso;
la virtud, en llevarlo a cabo”.
 
David Starr
 
 Una de las razones más frecuentes para que las personas no alcancen sus sueños, es la falta de merecimiento que refleja una mala autoestima. La autoestima es “cómo nos sentimos con nosotros mismos”. ¿Cómo podrías sentirte bien contigo cuando desconoces quién eres?
 
Hijo, me siento muy orgulloso de ti. ¿Quién no ha deseado escuchar esta frase de sus padres? Lamentablemente, no muchas personas recibieron la gratificación positiva que requerían para tener una estima sana.
 
La realidad dual en la que vivimos nos da la oportunidad de conectarnos con la oscuridad o con la luz. La etimología de la palabra orgullo tiene dos raíces: el catalán “orgull” y el francés “orgueil”. La cara negativa del orgullo se vincula con arrogancia, vanidad, soberbia o exceso de estimación propia.
 
La connotación positiva del término nos lleva a su origen latino, donde algo relacionado con el orgullo puede ser sinónimo de óptimo. Desde esta apreciación, el orgullo puede ser visto como la estima apropiada que una persona tiene de sí misma, que proviene de vivir en plena consistencia con sus valores.
 
Así, el orgullo nos hace apreciar los esfuerzos (logros) propios y ajenos. Se traduce en la placentera sensación que experimentamos cuando logramos una meta, la alegría que nos da ver que hemos hecho un buen trabajo que nos permite destacar nuestros talentos, o la satisfacción que sentimos cuando una persona querida realiza un sueño.
 
La cara sana del orgullo se relaciona con una emoción positiva y constructiva, que nos sirve para aumentar nuestro nivel de autoestima, nos anima a emprender nuevos retos y nos permite comunicar a los demás nuestra felicidad por algo o alguien. ¿De qué modo te relacionas con el orgullo?
 
Mostrar respeto por ti mismo es fundamental si quieres disfrutar una autoestima saludable. Respetarte te permite alinearte con la verdad de tu alma y con su valor. Es valorar tu propia existencia. Al valorarte también tendrás respeto por los demás, y por la vida. ¿Lo que haces con tu vida te hace sentir respeto por ti mismo?
 
El sentir orgullo por algo nos permite expandir nuestros horizontes, activar la imaginación para ver que más podemos hacer y proponernos metas que desafían la realidad que vivimos. Estudios demuestran que cuando una persona siente orgullo de quien es, no se da por vencida fácilmente y persiste para alcanzar sus objetivos.
 
Según la Biblia, todos nosotros hemos sido creados a  imagen y semejanza de Dios. El apóstol Pablo creía que después que descubriéramos nuestra identidad real, dejaríamos de permitir que el mundo de las apariencias nos confundiera y nos convertiríamos en un espíritu dador de vida.
 
Mateo 5, 16 dice: “Así brille la luz de ustedes delante de los hombres, para que vean sus buenas acciones y glorifiquen a su Padre que está en los cielos”. Jesús dijo que somos la Luz del mundo. No sé tú, pero yo me siento orgullosa de ser Luz. El orgullo no es arrogancia ni soberbia, es auto-respeto justificado.