El origen del vocablo deporte y el Cantar de Mio Cid

En el mundo actual hay un amplio consenso en torno a que el deporte se ha convertido en uno de los fenómenos culturales y sociales de mayor impacto y seguimiento entre la población, pero no se puede afirmar que sean muchas las personas que conozcan a plenitud sobre el origen y etimología de ese vocablo, principalmente debido a los contados estudios de los especialistas sobre la materia y a su muy limitada divulgación.

Hace algunos años, en mis primeros viajes oficiales a Madrid, España, donde asistía como integrante de la delegación dominicana a seminarios y convenciones organizados por el Consejo Iberoamericano del Deporte (CID), en momentos libres me dirigía a librerías en el centro de esa acogedora urbe. Entre los diversos textos adquiridos, puse especial atención en conocer el contenido de uno titulado: “Cátedras universitarias de tema deportivo cultural”.

Este libro incluye ensayos de destacados especialistas españoles, entre estos el gran escritor universal Miguel de Unamuno, quien conceptualiza sobre la importancia de la actividad físico-deportiva; uno de los trabajos más interesantes versa sobre “Ocio, Deporte y Lengua”, de la autoría del connotado profesor Miguel Piernavieja.

Este catedrático había escrito anteriormente la obra “Depuerto, Deporte, Protohistoria de una palabra”, asentándose como uno de los investigadores que ha hecho más aportes sobre la procedencia del término a través de estudios sobre documentos medievales y ahondando sobre las raíces más primitivas de este concepto.

Según Piernavieja el vocablo aparece por primera vez en el idioma castellano en la obra clásica anónima de la literatura española El Cantar de Mio Cid, que narra las hazañas heroicas y finales de la vida de Rodrigo Díaz de Vivar, conocido también como el Cid Campeador. Es un poema épico en lengua romance escrito alrededor del año 1140; se trata del primer texto narrativo de la literatura española.

Este cantar de gesta, que en varios de sus pasajes inserta la ficción, describe al CID Campeador como un caballero de la corte de Castilla, cuyo principal estandarte es la búsqueda del honor y su lealtad al rey, quien a pesar de ello lo condena al destierro, razón por la cual inicia una cruzada de conquistas militares obteniendo grandes fortunas y tierras para recobrar la confianza del rey y lograr ser perdonado como un buen vasallo, reivindicando asimismo sus valores familiares.

Dice Piernavieja, confirmado por el tratadista José María Cagigal, que la aparición del vocablo en aquel entonces tenía el significado de diversión, regocijo o recreo. Como el español deriva del latín, el término se utiliza en el Cantar de Mio Cid, indistintamente como deportar (forma verbalizada) y depuerto (forma sustantivada) y que data del siglo X o XI. Luego en el siglo XIII el término sufrió la variación deport, vocablo de origen provenzal.

A partir del siglo XV se agrega la letra (e) para quedarse en castellano como deporte. El deporte tiene un gran reflujo en el siglo XVI y retorna en el siglo XIX en Gran Bretaña durante la era Victoriana con un nuevo contenido bajo la influencia del vocablo inglés sport con una base en la competición dentro del sistema escolar y popularizándose en todo el mundo.

Según investigaciones hacia el siglo XIII los normandos introdujeron a Inglaterra la palabra disport, los ingleses la abreviaron y la convirtieron en sport. Así aparece en obras inmortales de la literatura anglosajona de autores como William Shakespeare y Lord Byron, entre otros.

Durante el siglo XX y en lo que va del presente siglo el significado del vocablo deporte se ha ampliado y diversificado a nivel global integrando según las preferencias, la competición organizada y las prácticas de tiempo libre.