“EL OTRO JULIO LLORT” de la fruición a la revelación

25_02_2017 HOY_SABADO_250217_ ¡Vivir!1 C

Marianne de Tolentino

Julio Llort es un artista cuya trayectoria profesional sobrepasa el medio siglo y sigue ejerciendo el oficio con la pasión, el esmero, el perfeccionismo que le caracterizan. Ese catalán dominicano de formación excelente, ha retratado un número incalculable de personalidades, plasmado incansablemente el esplendor del paisaje, convertido frutas y objetos en bodegones generosos.
A los pintores se les suele atribuir un estilo definitorio: calificaríamos a ese maestro como romántico del siglo XX. Ello significa que sus obras alojan neo-clasicismo y naturalismo, caminan hacia el impresionismo, y, como buen adepto del romanticismo, es capaz, más allá de la evolución, de una revolución en su propia personalidad pictórica… Se convierte en expresionista, en realista fantástico, en abstracto aun, pero sin dejar una reverencia incuestionable por lo bello –proporciones, armonías, composición–. Surge “El otro Julio Llort”.
La exposición. En una gran exposición antológica, la Galería Nacional de Bellas Artes dedica todos sus espacios a Julio Llort, tanto al intérprete fiel y sensible de los géneros consuetudinarios como al “transgresor” repentino de la academia tradicional. Más de cien cuadros ilustran, en seis salas y salones, esta dedicación, entre pinturas –una mayoría– y dibujos, sin contar con un exquisito despliegue de ilustraciones originales.
Luego, recortes de prensa, extractos de críticas, catálogos, fotografías numerosas, aportan un testimonio muy apreciado por el público. Cuándo se presenta una muestra retrospectiva, ¿cómo no incluir los documentos fehacientes del artista y su trayectoria? Es de mencionar también que Julio Llort permitió que se transportara parte de su taller a Bellas Artes. La gente decía: “¡Lo vemos pintando, cuántos colores, paletas y pinceles!”
Concepto museográfico y montaje, sencillos y claros, pretenden no solamente enseñar obras, sino comunicarles vida a partir del autor y su medio ambiente. ¡No falta una firma gigante que trazó el propio artista!
Los temas. Siguiendo el esquema de la exposición de Celeste Woss y Gil, presentada el año pasado, el montaje de las obras se organiza según los diferentes temas desarrollados, sobresaliendo aquí paisaje y naturaleza. Cálidamente, una sala roja alberga desnudos y apología pictórica de la belleza, y “otro Julio Llort” nos invita al descubrimiento de sus inquietudes contemporáneas.
Julio Llort es un formidable paisajista, plasmando el cielo –nubes, sol, aire transparente–, la tierra –praderas, bosques, cordilleras–, el agua –ríos mansos, cascadas saltarinas, olas furiosas, burbujas efervescentes–, pero casi nunca la ciudad. En el lienzo, varía los recursos y espectáculos naturales: son un homenaje ecológico al aire libre y reflejan una mirada emotiva.
Amante de la naturaleza tropical, la pinta de lejos y también de muy cerca, como si retratara el rostro de las plantas… Flores, hojas, tallos, troncos son partes de criaturas vivas: el artista alcanza un hiperrealismo personal, lleno de ritmo y sentimiento. Él escribe sobre el lienzo un poema visual.
Las vistas marinas y sus aguas tumultuosas igualmente inspiran a Julio Llort. Obras realistas y sin embargo próximas a la abstracción confrontan la violencia del mar con la ira de las nubosidades. El romanticismo sigue perenne, y evocamos la ola de Hokusaï. Alternan azules, interactivos entre mar y cielo: nubes, inquietantes y sustanciosas, derivan hacia una imagen sobrenatural. También hay cielos claros, apacibles, lisos, y se expande el agua ligera que muere sobre la playa arenosa.
También gran dibujante. Ingres, famoso pintor francés del siglo XIX y uno de los mejores dibujantes en la historia del arte, expresó: “El dibujo es la probidad del arte”. ¡Una definición que corresponde a la obra de Julio Llort, fundamentada en un dibujo magistral, honesto, noble, casi instintivo en su perfección! Aunque no son tantas las obras a línea y sobre papel, bastan para que apreciemos dominio y fluidez.
Luego, las pinturas, en cualquier tema, no disocian el dibujo –omnipresente en valores y precisión– del lenguaje cromático. ¡El pincel a menudo actúa como si fuera un lápiz! Ahora bien, hemos de mencionar especialmente a Julio Llort ilustrador. Sus casi miniaturas, para poemas del presidente Joaquín Balaguer son pequeñas joyas. Él sacó esas “pruebas de imprenta” de su archivo: estos refinados papeles ameritan el sitial donde fueron colocados.
El otro Julio Llort. Una visión fantástica atraviesa el realismo, el simbolismo, el expresionismo, culminando la expresión artística en una “surrealidad” accesible a todos. Julio Llort, en la serie de algas y corales, lleva la visión poética a una sorprendente originalidad: un buen pintor no se encasilla en una escuela. La inspiración del momento, la fantasía anclada en su fuero interior, el tema especial le hacen evadirse de una acostumbrada definición… Es el otro Julio Llort.
De este artista no cabía, pues, esperar cambios, al tener una convicción inquebrantable acerca del respeto de la academia y de la belleza clásica. No obstante, sabemos que sus conocimientos del arte moderno y contemporáneo le permiten soltar su tratamiento pictórico y liberarlo de ataduras tradicionales.
Entonces aparecen cuadros diferentes, ¡casi una ruptura estética! ¿Obras surgidas de lo real y lo imaginario, del sueño y la observación? Él magnifica la naturaleza, multiplica planos, crea ilusiones, juega con elementos, hasta guiña un ojo a la abstracción.
¡Quien se adueñó de la academia siempre la puede quebrar y gestar un nuevo equilibrio! Además, Julio Llort fue y es un restaurador experto: para él ninguna técnica, ningún estilo, guardan secreto.