El otro peligro: La doctrina del desastre

Pasados pocos meses, la enorme tragedia del pueblo haitiano, será olvidada. Otros  sucesos de alguna importancia  ocuparán la atención de los gobernantes y organismos internacionales. Las grandes  cadenas noticiosas internacionales y los medios que condicionan la opinión pública traerán nuevas noticias. El Internet será menos frecuentado. La suerte del vecino país y la desgracia de sus pobladores, pasará a un segundo plano. Es natural que así sea. Sri Lanka, New Orleáns.  Disminuirán los envíos de generosas donaciones.

Las preocupaciones de gobernantes y organismos internacionales por este tipo de tragedia fallidas en Kiotto y Copenhague,   seguirán en curso impuesto por naciones poderosas.

La solidaridad demostrada por entidades, grupos y  personas sinceramente conmovidos por tan infausta tragedia dejará de sentirse con igual intensidad. Pero  no todo será olvido.

Muchos pensarán en Haití y en su desgracia, con matices diferentes. De un lado, los pobres y los empobrecidos por la tragedia y antes de la tragedia, seguirán sufriéndola, en condiciones vergonzantes, como siempre ha sido. Desde que el  pueblo iluso,  se le ocurrió romper las cadenas y  abolir   la esclavitud. Crear la primera  nación negra, libre e independiente, amante de la libertad. De otro lado,  los eternos explotadores, jugadores de póker que apuestan al desastre  no lo olvidarán. Tratarán de sacarle provecho y cuantiosos beneficios a la desgracia ajena.

Eduardo Galeano, con lenguaje  veraz e incisivo,  relata la terrible historia. La historia que otros callan.  “La maldición blanca”, que no perdona porque no  sólo se trata de pigmentación de piel, sino de tradición y cultura de dominio. Intelectuales de la talla de  Noami Klein, “la Doctrina del Shock”, Noam Chomski, “La Sociedad Global”,  y otros críticos de la sociedad en que vivimos, Joseph Stiglitz, Premio Nobel de economía, ex Vicepresidente del Banco Mundial, nos abren los ojos.

Advierten con datos, hechos y acontecimientos reales, espeluznantes, de lo que son capaces, y qué podemos esperar del neoliberalismo globalizante y los poderes hegemónicos establecidos.  Del “capitalismo salvaje” que ante cualquier desastre, muchos causados por el hombre, otros por la naturaleza, sin que la mano del hombre sea ajena. Nada lo detiene, empeñado en ampliar y extender su poderío, y apoderarse del resto que quede a partir de la “reconstrucción”.

Ante esta expectativa ¿Cuál  será el futuro de nuestro vecino país, indefenso,  como Estado fallido que es, ahora desvastado por  este nuevo desastre, el más tenebroso de su tenebrosa historia? Y qué será de nuestra nación, la más cercana y  la más vulnerable frente a esta terrible desgracia?

¿Qué podemos y debemos hacer  para evitar el efecto dominó? Para propiciar y asegurarnos, como nación independiente, que la solidaridad demostrada no sea manipulada para provecho de extraños intereses enemigos de la libertad, la convivencia y  la  auto determinación de los pueblos.