El padre

MAURO CASTILLO
Nuestra larga experiencia profesional nos ha permitido reconocer cada vez más, que si la madre es la maestra del amor como lo hemos sostenido siempre en nuestros escritos dedicados a ese ser ejemplar que nos ha traído al mundo; de igual forma hoy más que nunca estamos convencidos de que el padre es el verdadero forjador y organizador de nuestra personalidad, lo que nos convierte en sujetos equilibrados.

Esta afirmación implica reconocer la alta responsabilidad que debe asumir todo padre en su condición de jefe de familia, al tener que insertar en el seno de la sociedad a cada uno de sus hijos convertidos en ciudadanos emocionalmente maduro y con un adecuado equilibrio mental.

Como el último Domingo de este mes de Julio del 2005, celebramos en todo el país el Día del Padre, hemos considerado una gran ocasión para que todos los padres observemos con detenimiento el panorama alarmante que estamos viviendo todas las familias dominicanas al desencadenarse un nivel de agresividad y de violencia física y verbal que provienen de todas las capas sociales, generando un estado de pánico colectivo, haciendo que el terror y la ansiedad embarguen a todos los ciudadanos sensatos, quienes ya “voluntariamente” se han sometido a un “toque de queda” en sus propios hogares como única prevención posible para evitar ser víctimas de un atraco, robo de sus vehículos, heridos o muertos por las frecuentes balas perdidas disparadas alegremente por ciudadanos infantiles, así como violaciones femeninas con asesinatos, etc.

Ya estamos frente a los resultados que se veían venir correlacionados con el incremento significativo de los divorcios en los hogares dominicanos, la explosión desmesurada de embarazos en adolescentes y jóvenes mujeres sin paternidad responsables que proliferan en más de 200 barrios marginados donde prevalece la promiscuidad, y una escasa educación.

Esos miles y miles de hijos sin padres son los actores o posibles candidatos para participar en esa verdadera epidemia de actos delictivos que hoy invade todo el cuerpo social dominicano como un cáncer maligno que resulta difícil detener.

Las informaciones suministradas por dos Instituciones de absoluta confiabilidad que dan cuenta del grado de psicopatía de la violencia en el marco nacional de los jóvenes es algo desolador para el porvenir de nuestro desarrollo, pues todos sabemos que la esperanza de los pueblos descansa siempre en la juventud.

Una de estas informaciones apareció en la edición del día 16 del presente mes de Julio del 2005 de este Periódico “Hoy” en su primera página destaca las estadísticas suministradas por el Instituto Nacional de Patología Forense que dirige el doctor Sergio Sarita Valdez dan cuenta de que 911 necropsias que se hicieron en los pasados 6 meses del año determinaron que 609 fueron muertes violentas.

Las estadísticas del Instituto señalan además que el mayor porcentaje de muertes correspondió a homicidios de jóvenes varones cuyas edades oscilaban entre los 17 y los 20 años, quienes proceden de sectores muy pobres de Santo Domingo y pueblos cercanos.

En segundo lugar están los suicidios también tipificados como muertes violentas que ascendieron a 43 casos y la mayoría eran gentes muy jóvenes.

La otra información se dio a conocer el día 15 de Julio en curso este mismo periódico “Hoy” aportada por el doctor Ramón Pichardo, director del Departamento de Cirugía Maxilofacial del Hospital Darío Contreras, quien expresó que en los pasados seis meses han reconstruido cerca de 14,000 rostros de personas que fueron desfiguradas por atacantes con fines de robos.

Los Médicos de este Centro Hospitalario insisten en que es alarmante el número de personas con los rostros deformados por las más variadas formas de violencias domésticas entre jóvenes y bandas que se disputan puestos de drogas.

Es la condición de un padre dedicado día a día a sus hijos, quien con su ejemplo de honestidad y de trabajo les inculcará para siempre en la conciencia y conducta de ellos lo que les perdurara como un hábito de vida eternamente. Estos verdaderos padres son los que merecen ser felicitados de todo corazón en su día, porque sus hijos que de seguro serán hombres de bien, los recordarán siempre con mucho orgullo.