El país necesita interlocutores

Mal interpretado o sacado de contexto a partir de lo que dijo a un programa televisivo, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, se descalificó de todos modos, si no demuestra lo contrario pronto, para mediar en el conflicto migratorio dominicano que no es solo con Haití. Este país tiene que ganar una batalla de opinión frente a más entidades del mundo basándose en su derecho a organizar la inmigración; y porque se esfuerza en lograrlo en un marco de respeto a derechos. El asunto es que Almagro se ha pronunciado sin cuidar que sus expresiones garanticen una imparcialidad sobre la que desde antes surgieron dudas acrecentadas al teorizar sobre la forma en que supuestamente tienen que organizarse geopolíticamente las islas. No tenía que redondear criterios para parecer prejuiciado.

Su auto marginación crea un inconveniente porque el país necesita interlocutores aunque no se pliegue a imposiciones. Un auditorio externo para demostrar que nada oculta como Estado con prerrogativas irreductibles. República Dominicana puede contar con países amistosos y en condiciones de valorar con equilibrio. En la propia OEA pesan ahora más naciones apartadas del predominio de otras épocas. Contrarias al narigoneo de potencias y a la veleidad de mini-estados caribeños. Las puertas para exponer argumentos ante el obligado contexto exterior tienen que seguir abiertas a los objetivos nacionales.

 En desmedro del interés nacional

A despecho del orgullo que con validez se exalta el nacioanalismo en nuestro medio, algunos actos de sumisión o de complicidad con empresas externas nos han salido caros. Del inconstitucional y taimado contrato con la Sun Land nos salvamos por un pelo de una demanda millonaria. También nos salvamos en uña de gato de que el contrato original con la Barrick Gold constituyera una total y vil entrega de una riqueza nacional a un consorcio foráneo.

Y más: todavía hoy se sufren las consecuencias de leoninos contratos en materia de energía en claudicación a firmas extranjeras; y los concesionarios foráneos de obras viales restan brutalmente miles de millones de pesos al gasto público por lo mucho que importó garantizar pingües beneficios a personajes e intereses externos. Manifestaciones con turbiedad del complejo de Guacanagarix.