Despedida
Allegados honran el legado Héctor Rizek
Hijos y nietos de Héctor Rizek dieron último adiós y prometieron mantener su memoria y legado vivos
Hijos y nietos caminaron junto el féretro en símbolo de respeto. Arlenis Castillo.
En medio de un ambiente lleno de recogimiento y respeto, se realizaron la mañana de ayer las honras fúnebres del empresario Héctor Rizek en el cementerio Puertas del Cielo, donde familiares, colaboradores y amigos se reunieron para dar el último adiós a quien mundialmente era conocido como el “señor cacao”.
Desde tempranas horas, decenas de personas empezaban a llegar al camposanto. Rostros conocidos del ámbito empresarial, trabajadores de sus empresas, cuidadores que lo acompañaron en sus últimos años y diversos funcionarios acudieron para despedir al reconocido productor de cacao y extender sus condolencias a su esposa, hijos y nietos.
Durante la ceremonia, su hijo Héctor José Rizek tuvo una intervención que combinó memoria, orgullo y emoción al retratar la dimensión humana, empresarial y espiritual de un hombre al que describió como “irrepetible”.
Recordó que don Héctor Rizek nació el 3 de marzo de 1931 en San Francisco de Macorís, tierra que, dijo, fue su raíz, su orgullo y su mayor inspiración, al considerarla el corazón del Cacao en el país. También resalto sus orígenes como descendiente de migrantes palestinos, de quienes heredó y multiplicó el legado de trabajo, perseverancia y visión.
En su faceta de empresario, fue descrito como un visionario que apostó al cacao dominicano cuando pocos creían en su potencial global. También resaltó la entrega absoluta de su padre hacia los más de ocho mil productores de cacao y sus respectivas familias.
Como agricultor, aseguró que Rizek cultivó más que solo la tierra: “cultivó paciencia, fe y un respeto profundo por los ciclos botánicos. Papá sabía que cada semilla plantada era un acto de confianza en el futuro y así también fue su vida, una siembra constante de generosidad, humildad y servicio”, expresó.
En cuanto a su vida matrimonial, marcada por 61 años junto a su esposa, y su rol como padre, fue descrito como un hombre estricto con los hijos varones, pero cercano y protector con sus hijas.
“Mi padre caminó de la mano con su compañera de vida, mi madre, Doña Ela. Lo de ellos no fue solo un matrimonio largo, fue un amor forjado en la entrega diaria, en las palabras sinceras y los silencios compartidos”, dijo con admiración.
La ceremonia concluyó en medio de la tristeza, el cariño y la admiración por una vida que iluminó la de todos aquellos con quienes tuvo la oportunidad de coincidir en este plan, y que como bien resumió su hijo, fue una “siembra de generosidad, humildad y servicio”.