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Calle Montecristi, prueba de admiración hacia la provincia

Colón ponderó a Montecristi por “la belleza de su puerto, la altura de su morro, las piedras brillantes de su río, la amplia llanura y escarpada cordillera…”.

Calle Montecristi, en San Carlos.

Calle Montecristi, en San Carlos.

Ángela Peña
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Las impresionantes bellezas naturales constituyen hoy sus principales atractivos, pero en épocas pasadas fue la más próspera zona comercial por su “Casa Jimenes”, de Juan Isidro Jimenes Pereira, emporio basado en la explotación de campeche con sucursales en Santo Domingo, Puerto Plata, Haití, Alemania, Francia, Inglaterra, Nueva York, que atrajo influyentes empresarios, familiares y socios que se reunían en el afamado “Club del Comercio” para la diversión social.

Se trata de Montecristi. Jimenes, nativo del lugar, fue presidente de la República.

Su importancia histórica es trascendente: lo visitó en más de una ocasión el libertador de Cuba, José Martí, y en uno de sus viajes firmó con Máximo Gómez el trascendental Manifiesto del 25 de marzo de 1895, que anunció la Guerra de Independencia Cubana.

El país “quedó consagrado como el único en el mundo en el cual se planifica la independencia de otro país y se sella un pacto con el compromiso y vida de los dominicanos que en ese momento se hicieron cargo de llevar la revolución hasta el triunfo…”, consigna Olga Lobetty Gómez de Morel en “José Martí en Montecristi”.

Las permanencias del apóstol en “la ciudad del morro” son muy citadas.

No solo buscó apoyo a su causa, también visitaba vecinos para tomar café y conversar; llegaba a la Casa Jimenes, iba a la barbería de la familia Andújar y se mantenía inseparable de Gómez que entre 1887 y 1895 se trasladó allí y en su finca de Laguna Salada sembró tabaco y se dedicó a escribir.

Martí se hospedó en el hotel América, en 1892. Retornaría un año después y en 1895 volvió por última vez. Nombró a Máximo Gómez General en Jefe del Ejército de Cuba.

Debido a su actividad comercial, Montecristi tuvo locomotora muy temprano. La llevó Antonio Espín en 1875, “para el transporte de los troncos del campeche desde los bosques de la ciudad hasta el muelle”, consigna Julio M. Rodríguez Grullón en “La era del campeche”, afirmando que Gómez convirtió a Montecristi “en la meca del exilio cubano”. Iban, además, comerciantes de Italia y Venezuela.

La compra del reloj público fue un acontecimiento. Benigno Conde, venezolano, promovió su instalación el 29 de junio de 1895, “único de su clase en el país, que constituye uno de los monumentos que identifica la ciudad”.

Montecristi estuvo a la vanguardia con acueducto, línea telefónica, cuatro periódicos, variados negocios, afirma Rodríguez y añade: “Las dos guerras mundiales perjudicaron notablemente el comercio de la ciudad…”. Ya en 1881, Sir Robert Schomburgh apunta: “Era a mediados del siglo pasado un lugar floreciente y aún durante la guerra de independencia americana, su comercio era considerable. Ahora es casi ruina y casi abandono”.

Colón ponderó a Montecristi por “la belleza de su puerto, la altura de su morro, las piedras brillantes de su río, la amplia llanura y escarpada cordillera…”. El Almirante lo descubrió y bautizó en 1493.

La arquitectura de la primera iglesia es comparada con la de Notre Dame.

Rafael Darío Herrera describe manglares, cayos, su pequeña isla Cabra, las bahías donde confluyen varios ríos, así como la existencia de sus salinas.

Tuvo ferrocarril que llegaba a la capital; Rafael Díaz Camargo introdujo dos locomotoras en 1889.

En 1898 desembarcó en Montecristi el vapor Fanita, expedición armada encabezada por Juan Isidro Jimenes contra el tirano Ulises Heureaux. Aunque derrotada, representó el inicio del fin de la dictadura.

En Montecristi estuvo Antonio Maceo, héroe de la Independencia Cubana. Su madre residió en esa localidad en la que se casó Trujillo con Bienvenida Ricardo, en 1927. Era coronel y solicitó los salones del club para el evento. Lo rechazaron. Juró vengarse. Al llegar al poder le cambió el nombre. Le puso “Club Benefactor”.

Hijos ilustres

Otros hijos insignes de Montecristi fueron Manolo Tavárez, líder del 14 de Junio asesinado en alzamiento guerrillero; Osvaldo Virgil, primer pelotero en llegar a Grandes Ligas; el antitrujillista Cayeyo Grisanty; el doctor Federico Smester; el también pelotero de Grandes Ligas Juan Marichal y el laureado escritor Manuel Rueda, autor de “Bienvenida y la noche”, ambientada en Montecristi...

La calle

En septiembre de 1941 fue designada la calle Montecristi, como “prueba de admiración hacia esa provincia”. Antes se llamó “El Palomar” y luego “Ramírez”, en recuerdo del prócer restaurador Gregorio Ramírez.

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Ángela Peña

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