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Calles y avenidas

Santo Domingo, lleno de calles con el nombre de María

“En la Isla se plantó la primera cruz, se rezó la primera Ave María y se levantó el primer santuario mariano de América en la que es hoy la ciudad de Higüey”, padre Rodríguez Castro.

Templo Santa María Madre de Dios, en la zona universitaria

Templo Santa María Madre de Dios, en la zona universitaria

Ángela Peña
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En el horizonte latinoamericano aparece la figura de la Madre María con presencia incuestionable. Permea la religiosidad popular y la cultura hasta tal punto que ser latinoamericano es, en cierta forma, ser mariano.

Juan Rodríguez Castro, sacerdote, reconocido devoto e impulsor de la veneración a la Virgen, hace la afirmación a propósito de la enorme cantidad de calles, avenidas, escuelas, templos y hasta negocios con el nombre de la “reina del cielo y de la tierra”.

“El fenómeno nace de la Conquista. A ella, la bendita y llena de gracia, el pueblo la describió como a una de nuestra raza elegida para ser Madre de Dios, de Jesús, y, en consecuencia, Madre de la humanidad, conocedora del penar y las angustias de las gentes, pero también de sus esperanzas”, significó.

El religioso, a quien le ha tocado dirigir parroquias que llevan el nombre de María, y se colman de feligreses que la aclaman, afirma que “por esos misteriosos caminos que solo Dios conoce, fue respondiendo a los anhelos del pueblo, que la descubrió al ladito de Jesús diciéndole: “No tienen vino”, refiriéndose a los novios e invitados de las Bodas de Caná. “La respuesta llegó y llega de mil formas”.

De ahí, agrega, “el amor, el agradecimiento, el recuerdo, la confianza y los tantos nombres laudatorios de la Madre”.

Los fieles son inteligentes, declara. “Si solo reciben promesas vacías, olvidan, pero si se ven colmados con toda clase de favores o gracias, recuerdan. De ahí que también honren a María con el nombre de calles”.

“Pero no se conforman con eso. También la exaltan multitud de santuarios, parroquias, pueblos y ciudades, universidades, ríos y negocios, amén del masivo rezo del Rosario, las novenas y fiestas patronales en su honor, libros, tratados, congresos mariológicos”.

Enfatiza: “Proféticamente, el Magníficat proclama: “…Todas las generaciones te llamarán bienaventurada”.

El caso dominicano.

Según el misionero, párroco de la iglesia San Juan Bautista, de Nagua, la veneración a María en República Dominicana “no es distinta al resto del Continente, prácticamente empezó aquí, pues en la Isla se plantó la primera cruz, se rezó la primera Ave María y se levantó el primer santuario mariano de América en la que es hoy la ciudad de Higüey. Desde aquí, la devoción a María llegó a tierra firme”.

Expresa que en el país se le llamó Virgen de la Altagracia “tal vez como augurio de todos los dones y gracias que recibirían los pueblos a lo largo de estos siglos. Alta Gracia significa el don más grande y sublime concedido a mujer alguna desde lo más alto del cielo”.

“María de la Altagracia nos ha evangelizado al convocarnos a peregrinar en masa hasta Higüey, a escuchar la Palabra de su Hijo”, explicó Rodríguez.

Recordó advocaciones de María en el mundo, a cuyos pies “son depositados dolores, esperanzas y clamores para que Ella los encamine hasta Jesús. En sus manos y en su maternal protección se encomiendan los anhelos de libertad y luchas de este pueblo dominicano sin que se haya visto defraudado”.

Y concluyó: “En los momentos más críticos y oscuros de nuestra nación salimos adelante pues nos cobijamos como hermanos bajo su manto maternal”.

El pasado uno de enero se celebró la solemnidad de “Santa María, Madre de Dios”, y el sacerdote Pedro Brassesco, argentino con experiencia pastoral en varios países, manifestó: “Solo María adopta la postura del verdadero creyente porque ella sabe guardar con sencillez lo que escucha y meditar con fe lo que ve para ponerlo todo en su corazón y transformar en plegaria la salvación que Dios ofrece”.

La calle.

Santo Domingo está lleno de calles con el nombre de María en sectores de diferentes clases sociales, la mayoría solicitados por habitantes y muchos asignados sin resolución edilicia. En los años 70 se denominó “Santa María” una de las calles del exclusivo ensanche Naco.

Paradójicamente, la que fue designada por el Ayuntamiento, desapareció. El cabildo decidió “recoger el clamor de los moradores próximos al colegio Claret para que la calle 7 sea designada con el nombre de “Corazón de María”. La resolución, del 21 de abril de 1976, la ubicaba “paralela a la Winston Churchill”. No se encontró.

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